Leiner Vargas

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Martes 31 Marzo, 2015

El deterioro de la infraestructura, la vivienda, la salud y la educación entre otros bienes y servicios públicos son claro reflejo de no querer avanzar hacia una salida razonable del problema fiscal


Reflexiones

Al filo de la navaja

El país ha venido postergando un ajuste sustantivo de su estructura fiscal desde hace 25 años.
Es claro que el déficit en la versión actual es insostenible por mucho tiempo más y que si bien, tenemos una coyuntura favorable por la caída libre de los precios del petróleo de los últimos seis meses, no se puede jugar a la ruleta y esperar a quedar insolvente para actuar sobre los problemas que afectan la obsoleta e ineficaz estructura fiscal del país.
Tampoco podemos obviar que lo fiscal atañe a un modelo de Estado y de sociedad, que debe discutirse desde y con los actores políticos representados en el congreso, dado que son ellos los que en democracia son los llamados a expresar los intereses de la sociedad.
La naturaleza del problema es clara, el país tiene demandas sociales y económicas de la ciudadanía por derechos a bienes y servicios que supera de forma clara las capacidades financieras del Estado.
Es por eso que lamentablemente se ha venido haciendo chocolate sin cacao, hipotecando con deuda pública el futuro para pagar la factura ordinaria de hoy.
Las soluciones son simples, el Estado reduce sus gastos, aumenta la recaudación o se deterioran los servicios que le brinda a la ciudadanía.
Dado que las dos primeras formas son políticamente costosas para quienes están en el poder político, se ha venido de manera creciente aceptando tener un Estado de segunda o de tercera categoría en relación a los servicios que brinda.
El deterioro de la infraestructura, la vivienda, la salud y la educación entre otros bienes y servicios públicos son el claro reflejo de no querer avanzar hacia una salida razonable del problema fiscal.
Estamos ante una disyuntiva, quienes dicen no querer más impuestos aducen que el Estado debe garantizar que gastará de forma eficiente los que tiene y los que recibirá; por el contrario, los que aducen no querer ajustar el gasto y requerir más impuestos argumentan que ha sido el desajuste del gasto en años pasados lo que ha llevado al deterioro de los servicios y que ahora lo que se requiere es más ingresos para poder mejorar.
En medio de estos dos argumentos tenemos una estructura fiscal que permite la evasión y la elusión fiscal, generando gran ineficiencia en la recaudación, con altas pérdidas y efectos perversos sobre la distribución del ingreso en el país.
Si bien el país ha tenido los espacios para actuar, pareciera que en este 2015 ha llegado la hora de la verdad, el país no puede seguir jugando al filo de la navaja, los ilusos que piensan que es posible esperar a estar quebrados para actuar no tienen idea de las consecuencias sociales, económicas y políticas de una solución de ese tipo.
Es hora de trabajar juntos, de llamar a la mejor gente y de concertar una salida país al problema fiscal.


Leiner Vargas Alfaro

www.leinervargas.com