Juan Manuel Villasuso

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Martes 15 Abril, 2008

Ahorra y pierde dinero
Dialéctica

Juan Manuel Villasuso

Cuando las tasas de interés pagadas al ahorrante (tasas pasivas) son menores que el aumento en los precios (inflación), el dinero ahorrado pierde valor en términos reales.
Esta frase, que puede parecer un poco confusa, se explica fácilmente si hacemos un ejercicio rápido con algunos números.
Si usted tiene ¢100 mil y los coloca en una cuenta de ahorro o en un certificado de depósito a plazo que le paga una tasa de interés anual del 4%, al cabo de 12 meses tendrá ¢104 mil. Pero si durante ese año los precios aumentaron en un 11%, usted necesitará ¢111 mil para comprar lo mismo que compraba el año anterior.
Estas cifras, tomadas de la realidad costarricense, indican claramente que el dinero que usted colocó en el banco, más los intereses que le pagaron, no le alcanzará para comprar lo que mismo que antes. Usted perdió poder adquisitivo. Su dinero se redujo en valor real.
Eso es lo que está pasando en Costa Rica. Desde mediados de 2005 los intereses pagados a los ahorrantes han venido reduciéndose. En junio de ese año la tasa de interés pasiva neta promedio del sistema financiero para depósitos en moneda nacional alcanzó su valor máximo (12,51%). En la actualidad, de acuerdo con los datos del Banco Central, se ubica en el nivel más bajo (3,97%).
Con base en esa información se puede estimar que fue aproximadamente en noviembre de 2006 cuando la tasa de interés se hizo negativa (menor que la inflación) y los ahorrantes comenzaron a perder valor adquisitivo. En consecuencia, ya son 18 los meses de constante erosión del capital de los ahorrantes; y todo hace prever que continuará en el futuro.
Este fenómeno de las tasas de interés negativas se padeció en el país durante la crisis de los primeros años de los 80, pero no se había vuelto a presentar con la intensidad que se vive hoy día. Obedece tanto al contexto internacional como a las políticas que impulsan las autoridades económicas nacionales.
Las consecuencias son graves para todas aquellas personas que han colocado su capital en el sistema financiero, en especial para los pequeños ahorrantes y los pensionados, que complementan sus ingresos con las remuneraciones devengadas. Con tasas de interés negativas hay una merma en el patrimonio y los rendimientos reales desaparecen.
Pero también para los fondos de pensiones la situación es preocupante. En 2007 se produjo una baja generalizada en la rentabilidad de todos los fondos y las condiciones de los mercados externos no son favorables, por lo que sus inversiones en el extranjero se han contraído del 12% al 10%, refugiándose ahora en títulos en colones.
En el corto plazo la baja en los intereses podría no reflejarse en el nivel de ahorro total, ya que no hay muchas opciones diversificadas de colocación y numerosas personas padecen lo que los economistas denominan “ilusión monetaria”, es decir, responden a las variables nominales y no a las reales.
No obstante, la situación no parece ser sostenible por mucho tiempo, no solo por sus efectos distributivos negativos y los perjuicios que causa a miles de costarricenses que tienen cuentas de ahorro y certificados a plazo, sino porque pone en riesgo la captación de recursos para financiar las inversiones futuras y porque el aumento del consumo inducido incrementa las presiones inflacionarias.
El Banco Central debería prestar mayor atención a este fenómeno de las tasas de interés negativas y proponer medidas concretas para enfrentarlo. Sus implicaciones macroeconómicas y éticas lo ameritan.