Pedro Oller

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Martes 29 Julio, 2008

Acciones determinantes

Pedro Oller

Cuando Néstor Kirchner asumió como presidente de Argentina en 2003, su país estaba sumido en una de las peores crisis económicas de su historia. Enfocándose en los problemas sociales y en la producción agropecuaria, Kirchner logró en menos tiempo del esperado no solo sacar a su país de la crisis sino también, devolverle la fe a su pueblo.
Su esposa, quien le sucedió en el puesto, decidió reavivar la crisis haciendo todo lo contrario. Con una desequilibrada propuesta fiscal tendiente a elevar los impuestos a las exportaciones agrícolas a fin de financiar el creciente gasto público y controlar una inflación de alrededor del 20%, Fernández de Kirchner logró poner de nuevo en jaque al país queriendo matar a la proverbial gallina de los huevos de oro.
En Argentina las crisis se dan de igual forma después del neoliberalismo como en el socialismo.
Mientras tanto, en México se debate una reforma energética que gira alrededor del rol que jugará a futuro PEMEX. En momentos en que la economía mexicana goza de una salud boyante y el precio del petróleo a nivel mundial alcanza récords históricos, todos en México reconocen que PEMEX, una empresa estatal, no tiene los recursos necesarios para hacer las inversiones requeridas a largo plazo y que su modelo operativo requiere una profunda transformación.
En lo que no coinciden es en el cómo. Mientras algunos defienden la naturaleza nacionalista de PEMEX y atacan el proyecto del presidente Calderón por privatizador —si la retórica resulta conocida, es mera coincidencia— el proyecto oficial pretende dotar de facultades a la empresa para realizar las negociaciones y transformaciones que requiere. Incluyendo, la participación de la empresa privada en su gestión.
El gobierno dominicano ha asumido dos compromisos entrelazados: el de la seguridad alimentaria para su país, con un 80% de los productos de consumo producidos en la isla, mientras apuesta por convertirse en el granero del Caribe. ¿Cómo? Según dijo Leonel Fernández al periódico El País, la transición de una economía agrícola a una de servicios —esto también debe resultar familiar— debe permitir el complemento de una con otra: capital intensivo, con más tecnología, mayor productividad, mayor capacitación de la fuerza laboral y orientación hacia las exportaciones.
Mientras que en Guatemala, el sector privado demandó al gobierno rendición de cuentas y transparencia sobre los términos de adhesión al programa Petrocaribe, incluyendo topes de endeudamiento, destinos claramente definidos, beneficiarios identificados y asignación territorial en razón de necesidades. La administración Colom el viernes adelantó que aceptará incluir los recursos de Petrocaribe dentro del Presupuesto Nacional.
Estas cuatro discusiones, relevantes especialmente dentro de sus fronteras pero con profundas implicaciones para la región no deben pasar inadvertidas. Nos debemos un análisis cuidadoso y mesurado, ajeno de las pasiones ideológicas y los prejuicios que conllevan, de estas situaciones para tomar decisiones determinantes en cuanto a nuestro agro y nuestra política energética.