Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 11 Julio, 2011


A uno que da, una que se pone

La violencia contra las mujeres no ha cesado a pesar de las leyes que se han dictado y los organismos que las respaldan. En nuestro país todos los días las mujeres son acosadas, agredidas sicológicamente, golpeadas y asesinadas.
Según la Defensoría de los Habitantes las denuncias por acoso sexual han aumentado. Afortunadamente las mujeres van perdiendo el miedo de señalar a los culpables gracias a las nuevas reglamentaciones que las apoyan. Sin embargo en la mayoría de los casos reina la impunidad y las acusaciones caen en saco roto, desilusionando a las demandantes.

La crítica situación económica de muchas féminas las paraliza a la hora de realizar una denuncia en contra de sus parejas. Las comprendo si la alimentación propia o de sus hijos depende de los ingresos de su pareja. Pero soportar cualquier tipo de agresión sicológica o física por parte de un hombre solo para conservar un estatus económico me resulta difícil de aceptar.
Hace un par de semanas, por esas casualidades de la vida, leí la denuncia de una joven señora que acusaba a su pareja de violencia doméstica. Según su propio relato el hombre la había agredido por más de dos años. Ella no dependía económicamente de él, pero el caballero tenía ingresos muy superiores a los suyos. Nunca lo había denunciado. Ahora, tal vez por despecho o porque la relación se iba a terminar y lamentaba perder los lujos que le permitía el agresor, había decidido formular la acusación.
Estoy convencida que una mujer con un mínimo de condiciones de supervivencia económica, de salud mental y de autoestima es responsable si permite que su pareja la agreda más de una vez. La primera o (seré flexible) las primeras son culpa absoluta del macho agresor. Pero permanecer en una relación y bajo el mismo techo con quien hiere, cuando existen las posibilidades objetivas de romper el círculo de violencia, hacen que la víctima sea corresponsable de su situación.
En Costa Rica desde hace poco más de año, por primera vez una mujer dirige los destinos de nuestro país. No le ha sido fácil por múltiples circunstancias. Un Partido Liberación dividido, un equipo de gobierno poco consolidado, una Asamblea Legislativa difícil, una serie de escándalos diversos provocados por los funcionarios públicos que la acompañan y un sinnúmero de renuncias por diferentes circunstancias, han hecho de estos 13 meses y medio de presidencia una odisea de la cual no ha salido inmune.
Además de todas estas complicaciones, la mandataria ha debido soportar los embates de Oscar Arias, que no ha cesado de criticarla ante los medios de información.
A pesar de todas las agresiones del Premio Nobel de la Paz, doña Laura lo visitó en su casa a finales de junio y pocos días después el expresidente no dudó en expresar públicamente opiniones negativas sobre el Gobierno de la señora Chinchilla.
No hablemos de agresión sexual, ni de acoso: hablemos de educación. ¿Es correcto recibir una visita en la casa de uno y después destrozar a su invitada ante el público en general?
Y en cuanto a las mujeres (o personas en general) agredidas: si uno es insultado por alguien más de una vez ¿por qué permitirlo y exponerse a que esa situación se repita?

Claudia Barrionuevo
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