Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 11 Agosto, 2008

A mi colegio

Claudia Barrionuevo

Tenía yo 12 años y corría un año bisiesto, como este. Venía de una gran ciudad, Bogotá, y de un colegio enorme, el Lycée Français Louis Pasteur. Llegué a un San José, aún pueblerino, y a un liceo francés muy distinto del colombiano.
En lugar de las grandes instalaciones de la versión bogotana, mi nuevo liceo funcionaba en una antigua casa hermosísima, la de los leones (que en el anterior gobierno de Arias desapareció para nada: hoy es un enorme parqueo).
En la puerta de la institución costarricense nunca hubo guardaespaldas: en el Louis Pasteur estudiaba la hija del ex presidente Pastrana y ahora me entero de que compartí el patio del recreo con Ingrid Betancourt.
En Costa Rica, mi nuevo liceo contaba con pocas aulas y carecía de gimnasio. Debíamos alternar los horarios de clase y viajábamos en bus hasta la Sabana, entonces despoblada de árboles, para recibir educación física.
Las primeras amigas que tuve en este país las conocí en el Franco y con ellas me gradué años después en el nuevo edificio que se inauguró en 1976 en Concepción de La Unión.
La formación académica del Liceo Francés era excelente y prueba de ello es que sus ex alumnos —en su gran mayoría— nos convertimos en profesionales de las más diversas áreas.
Los profesores tanto franceses como ticos fueron siempre excepcionales. Tener a doña Cristina Fournier como profesora de artes plásticas o a Elizabeth Fonseca impartiendo historia era un lujo del que entonces no éramos conscientes.
Hasta una buena formación en inglés tuvimos, lo cual es mucho decir de un colegio en el que la mayoría de las clases se impartían en el idioma galo.
Tal vez no entonces, cuando cursaba la secundaria, pero poco después, me di cuenta de que, más allá de la excelente formación que me permitió ingresar a la Universidad de Costa Rica y posteriormente ir a estudiar a Francia, lo mejor que tenía el colegio era su pluralidad social. Ya para los años 70 había muchos colegios privados excluyentes. Nuestro Liceo no lo era. Es cierto —también— que nuestra sociedad era muchísimo más democrática de lo que es ahora. Mis compañeros provenían de distintos estratos sociales y eso resultó fundamental para nuestro crecimiento humano.
Fui conociendo cada vez más esta sociedad que mis padres escogieron para sus hijos y que yo adopté como propia, y supe que antes de mi llegada al país no había casi colegios privados y que todos los ticos estudiaban en instituciones estatales. Comprendí lo importante que era ese amplio contacto social para ser más solidario y aprender que las diferencias económicas solo se refieren a eso, a lo económico.
Los años pasaron y la educación pública se deterioró porque los gobiernos fueron restándole presupuesto al Ministerio de Educación. Hoy existe una gran brecha entre la formación académica privada y la estatal. Es tan difícil conseguir una institución educativa que no sea elitista como conseguir un colegio público de alto rendimiento académico. Existen, pero hay que buscarlos.
Ahora el Gobierno francés ha decidido eliminar el apoyo económico al Liceo Franco Costarricense y esto es un nuevo golpe para la educación de nuestro país. Siempre duele saber que las cosas que cambian en Costa Rica pocas veces son para el bien de nuestra patria.

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