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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


A media asta

Nuria Marín [email protected] | Lunes 19 enero, 2009


Creciendo [email protected]
A media asta

Nuria Marín

El terremoto del pasado 8 de enero fue el más directo mensaje del poder y majestuosidad de la naturaleza, inversamente proporcional a la pequeñez de nosotros los seres humanos. Dura lección de humildad y propicio recordatorio de cuán frágil y sorpresiva puede resultar la vida.
Si las imágenes sobre lo ocurrido nos dejan sin aliento, vale recordar lo dicho por testigos y expertos en emergencias sobre lo ocurrido, para quienes las palabras y medios electrónicos son incapaces de plasmar en su verdadera magnitud la dura realidad.
Aprovecho estas breves líneas para expresar mis sentidas condolencias a quienes han perdido algún ser querido. A quienes tienen a alguien desaparecido, un llamado a no perder las esperanzas. A quienes han perdido el fruto del esfuerzo de tantos años, palabras de aliento y solidaridad al reemprender la tarea. Al país, un llamado a no olvidar.
Es en los momentos difíciles cuando las personas tienen la oportunidad de mostrar lo mejor de sí. Esta emergencia no ha sido la excepción. Al lado de las escenas desgarradoras debemos resaltar los abundantes actos de heroísmo y las múltiples muestras de solidaridad.
A su manera cada quien se ha hecho presente, desde los trabajos de socorro y rescate, donativos en dinero o especie, el voluntariado en la gestión y administración de albergues o el apoyo gratuito de profesionales y técnicos. Lo positivo de esta tragedia: permitir que aflore lo mejor de los y las costarricenses.
Se trata de una bocanada de aire fresco y luz de esperanza para un país que en los últimos años se ha concentrado más en lo negativo, cuya afabilidad, tradicional hospitalidad y nobles sentimientos de nuestros ciudadanos simplemente se han visto cercenados ante los temores y reserva provocada, entre otros, por la inseguridad ciudadana.
Toda crisis tiene otra arista positiva. La oportunidad de aprender de los errores del pasado y evidenciar las carencias y omisiones. Pese a ser un país altamente sísmico, es evidente que nuestra población carece de los conocimientos y preparación mínima frente a este tipo de eventos.
Han circulado por Internet recomendaciones sobre las mejores prácticas para enfrentar un terremoto (ej. el “Triángulo de la Vida”). Algunas de ellas contradicen conductas aprendidas previamente (ej. protegerse en el marco de una puerta). La falta de información entonces agrega mayor incertidumbre en la población. Recomiendo una breve campaña por especialistas con las medidas mínimas a seguir en los hogares, centros de enseñanza y lugares de trabajo. También el diverso manejo de riesgos entre lo rural y lo urbano.
En el futuro no podremos evitar nuevos sismos, esto está en manos de Dios y la naturaleza. Sin embargo, sí podemos invertir en prevención y preparación para hacerle frente de la mejor manera a este tiempo de eventos.
Por último, quisiera agradecerles a mis lectores su lealtad, comentarios y recomendaciones al cumplir un año de vida, Creciendo [email protected]