Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 28 Enero, 2015

Urge corregir las políticas públicas que han venido fallando para enfrentar el problema (del desempleo)


“Que el diablo te encuentre siempre ocupado…”

En la última encuesta del CIED de la Universidad de Costa Rica (noviembre 2014), el desempleo es la principal preocupación de los costarricenses (20,9% de los entrevistados), superando a la inseguridad ciudadana y el costo de la vida. Por primera vez, el desempleo se coloca en el primer lugar. Pocos meses atrás (julio 2014), la principal preocupación era el costo de la vida.
La preocupación es fundada. El país tiene el nivel de desempleo más alto de las últimas tres décadas y la mayor cantidad de personas sin empleo de nuestra historia. Hay 228 mil personas desempleadas. El desempleo ampliado llegó al 11,9 %, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Encuesta III Trimestre 2014), y en solo tres meses casi 26 mil personas perdieron su trabajo.
¿Qué podemos hacer? Trabajar desde la oferta y desde la demanda. Algunas cosas elementales: a) capacitar para el trabajo (la oferta de trabajadores calificados atrae empresas y crea demanda); b) no aumentar las cargas sobre el trabajo; c) promover la creación de empresas —pequeñas, medianas y grandes—, sobre todo las que promueven trabajos decentes, empezando por eliminarles trabas burocráticas, engorrosas e innecesarias; d) atraer empresas para que inviertan en nuestro país; e) seguridad jurídica, seguridad política, seguridad económica.
Preparar y capacitar para el trabajo. La principal capacitación es la educación y no hay duda que el esfuerzo por aumentar la escolaridad y combatir la deserción de la secundaria rendirá frutos, pero puede tomar mucho tiempo. Por eso, debemos concentrarnos en la capacitación para el trabajo de las personas que están desempleadas: a) jóvenes que quieren entrar al mercado laboral y encuentran las puertas cerradas por falta de experiencia y capacitación laboral; b) adultos cuyas habilidades han perdido vigencia (de poco sirve ser el mejor piangüero, si las piangüas desaparecen).
Y aunque el INA tiene un papel central en el proceso, sea brindando directamente la capacitación o subcontratándola con particulares; no será suficiente. Necesitamos promover politécnicos por doquier, dar incentivos a las empresas que capacitan para el trabajo y aprobar legislación para reconocer y promover el contrato-aprendizaje.
No aumentar las cargas sobre el trabajo. En épocas de desempleo y de informalidad se debe ser muy comedido con las políticas de salario mínimo y, sobre todo, con las cargas laborales y sociales. Las cargas asociadas al trabajo han aumentado y ello puede desincentivar la creación de empleo. Patronos y trabajadores autónomos tratan de refugiarse en la informalidad, para evitarlas.
Promover emprendimientos. La creación y atracción de empresas que generen empleos decentes, requiere eliminar trabas burocráticas y dar seguridad jurídica, económica y política. Eso es mucho más importante que los folletos y los viajes de promoción de inversiones.
“Trabaja en algo, para que el diablo te encuentre siempre ocupado”, recomendaba San Jerónimo. El problema es cuando la desocupación y el desempleo son involuntarios. Por eso urge corregir las políticas públicas que han venido fallando para enfrentar el problema.

Rodolfo E. Piza Rocafort