Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 25 Septiembre, 2014

En campaña electoral los candidatos y sus partidos dicen tener todas las respuestas para todos los problemas


¡Problemas heredados!… beneficios también

La Sra. expresidente Laura Chinchilla en su gobierno acostumbró a achacar todos los problemas que se le presentaban, así como las crisis de credibilidad que padecía, a los “problemas heredados”, lo cual oímos prácticamente durante sus dos primeros años; gastada esta justificación tomó otra en lo restante de su gestión: la ingobernabilidad. En la presente administración el Sr. presidente Luis G. Solís utiliza con frecuencia la misma frase de los “problemas heredados” para justificar la crítica e impericia política al enfrentar los asuntos de gobierno.
Lo he dicho y escrito con frecuencia, estamos en un mundo terrenal y los problemas siempre estarán presentes. Los gobernantes son para este mundo, lo que los obliga a generar sinergias sobre sus propuestas y soluciones, no para un mundo celestial en que todo está resuelto, en ese espacio no son necesarios los políticos.


Lo más interesante de todo es que en campaña electoral los candidatos y sus partidos dicen tener todas las respuestas para todos los problemas existentes, inclusive para los que han de venir.
Estoy convencido de que muchos gobernantes de América Latina y de otras latitudes desearían iniciar sus periodos presidenciales con el marco de la institucionalidad y los índices sociales y económicos de Costa Rica; estarían más que satisfechos de arrancar con esa herencia política y democrática de casi 200 años de independencia, en los cuales ciertamente no todo es perfecto, pero en los que Costa Rica logró éxitos que la distinguen en relación con muchos de sus pares.
¿Qué queda muchos por hacer? Claro que sí, y esa es la tarea encomendada a los nuevos gobernantes que se eligen cada cuatro años.
No dicen nuestros gobernantes —cuando llegan al poder— que heredan una democracia centenaria, un sistema de elección popular que les permitió legitimarse como presidente o diputado, un pueblo culto y paciente, una institucionalidad sólida, unos empresarios emprendedores, una paz ejemplar, un pueblo paciente y con educación, un país con un buen sistema de salud, sin ejército, que le permite invertir en otras cosas, con universidades que producen grandes profesionales, etc., etc., etc.
No dicen que esto les permitirá arrancar su gobierno desde una base sólida para solucionar muchos problemas que aún persisten, así como prever las exigencias de las nuevas generaciones.
El viejo Teorema de Thomas, famoso y con vigencia aún, que data de 1928, formulado por el sociólogo William I. Thomas, dice que: “si las personas definen las situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias”.
Así planteado por Thomas, si nuestros políticos les siguen “vendiendo” a los ciudadanos que este país está lleno de defectos, de corrupción, de ineptos, que somos fracasados, que aquí nada funciona, terminarán logrando consenso sobre actitudes que harán de esas exageradas percepciones una realidad generalizada con consecuencias que sí serán reales. Así estaremos en el peor de los mundos, todo promovido por la incapacidad de “vender” ilusión, sueños y esperanzas para un futuro mejor y accionar de inmediato a la institucionalidad en su consecución.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo