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La posibilidad de crear piel, venas, arterias, huesos, tendones y válvulas, entre otros, a partir de células del paciente, coloca al país como pionero en América Latina en estas técnicas


Pionero en crear partes humanas

La producción de partes del cuerpo humano en laboratorio, por medio de la biotecnología, ha convertido al Instituto Tecnológico de Costa Rica (Tec) en pionero en este campo en América Latina.
En Estados Unidos se produce piel humana in vitro pero solo en forma privada, es decir únicamente para quienes puedan pagarla si la necesitan.
En el Laboratorio de Ingeniería de Tejidos del Tec se crean piel, venas, arterias, huesos y tendones entre otros, a partir de células del paciente, tal como lo explica una nota de este medio el martes anterior. En el caso de las válvulas cardiacas, esta opción puede significar una oportunidad de vida.
A esta buena noticia hay que agregar que afortunadamente cualquier costarricense que necesite una o más de estas partes para recuperar su salud o aliviar, por ejemplo, el fuerte dolor de los tratamientos en casos de quemaduras, puede acceder a ellos.
Esto porque cuenta el país con un sistema de instituciones públicas para atender la salud de modo que los nuevos adelantos del Tec en esta materia pueden ser utilizados por los hospitales de la Caja para múltiples tipos de tratamientos.
Actualmente, es en la Unidad de Quemados del Hospital San Juan de Dios, donde especialistas en cirugía plástica tratan y dan seguimiento a las personas que reciben los injertos.
Un ejemplo más de lo que puede lograr un país como el nuestro que, aunque pequeño, escogió tener sistemas públicos solidarios, evitando así la discriminación de quienes no cuenten con suficientes recursos económicos para áreas vitales como la salud.
Es de este modo como debería avanzar el país en materia de investigación e innovación, tanto en el campo privado como en el público. Y eso puede ser una realidad en Costa Rica si solo se contara con la voluntad política para implementar políticas de Estado en ese sentido.
Lo que en teoría se ha llamado desde hace tantos años “coordinación interinstitucional”, debería al fin ponerse en práctica para una sinergia que potencialice los efectos de las instituciones que los contribuyentes mantenemos.
La medicina y la investigación privadas, a su vez, que van contando cada día con mayores avances en la materia, podrían, quizás, transferir tecnologías y experiencias a los hospitales públicos cuando ese fuera el caso, en algún tipo de intercambio que resultara beneficioso para ambas partes.

 

 

 

 

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