Brasilia queda desierta y el futuro de Rousseff, en suspenso
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Brasilia se está convirtiendo en algo parecido a una ciudad fantasma luego de uno de los años más turbulentos de la historia reciente.

Los protagonistas de la crisis política de este año huyen de la capital del país para pasar las vacaciones de verano en su ciudad natal o junto al mar, dejando tras de sí preguntas sobre el destino de la presidenta y los líderes parlamentarios envueltos en escándalos de corrupción y el embrollo del juicio político.

Los miembros de la Suprema Corte y los legisladores estarán en receso hasta el 2 de febrero. En la segunda semana de ese mes, tienen pensado tomarse un nuevo descanso para festejar el Carnaval. Eso significa que algunas decisiones importantes, como la de votar a favor o en contra de juzgar a Dilma Rousseff en el Congreso por violación de la ley de presupuesto, probablemente no se tomen hasta marzo, según la consultora política Eurasia Group.

“Todo el mundo necesita un descanso”, dijo Darcisio Perondi, diputado de la cámara baja por el partido PMDB y uno de los más conspicuos detractores de Rousseff. “Ha sido un año intenso”.


Crescendo de noviembre

La crisis política y económica de Brasil se había acentuado a fines de noviembre, cuando la cámara baja inició el proceso de juicio político contra Rousseff, Brasil perdió su calificación de grado de inversión y un senador y un banquero multimillonario fueron detenidos como parte de una investigación de corrupción. Las tensiones en Brasilia se acrecentaron. Los legisladores se trenzaron en peleas a empujones para saldar sus diferencias y grupos de aborígenes entonaban consignas en lo alto del Congreso en parte reclamando la destitución del presidente de la cámara, que enfrenta una investigación por cuestiones éticas.

Ahora el tránsito circula sin dificultad y el estacionamiento abunda en la superpoblada ciudad en tanto muchos empleados públicos abandonan Brasilia. Las salas del Congreso están inusualmente silenciosas.

El gobierno de Rousseff no quería que esto ocurriera. Había insistido enérgicamente en que el Congreso renunciara al receso y siguiera trabajando con la esperanza de que los legisladores pusieran fin a la incertidumbre política que ha contribuido a hacer caer la confianza de las empresas a niveles cercanos al mínimo y profundizado la recesión económica.

Si bien ahora tendrá que esperar, el gobierno se encamina a 2016 con más esperanza luego de una serie de victorias en los últimos días.

El 17 de diciembre, la Suprema Corte emitió un fallo sobre el juicio político que establece procedimientos que podrían inclinar la balanza a favor de la presidenta. Un veterano legislador de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados la semana pasada dijo que el Congreso debería aprobar las cuentas de 2014 de Rousseff, medida que debilitaría uno de los principales argumentos de la oposición para destituirla.

La mayoría de los brasileños no tienen tantas vacaciones como los legisladores y vuelven a trabajar el lunes, preocupados por el alza de los precios al consumidor y el creciente desempleo. La crisis política y el escándalo de corrupción tampoco están lejos de sus pensamientos.



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