Claudio Alpízar

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Jueves 13 Marzo, 2014

La acción de Araya no puede ser planteada como “heroica”, todo lo contrario, es un mal ejemplo de lucha sin fin por objetivos en los que se cree


Sin Tregua

Araya: “Eutanasia” política

La eutanasia es la posibilidad de un enfermo incurable de morir asistido por sus médicos. Algunos justifican su aplicación y otros la rechazan porque piensan que mientras haya vida hay esperanza. Concepto que podríamos aplicar a lo sucedido en días pasados con el candidato Johnny Araya (PLN) y sus asesores principales.
Los argumentos vertidos por Araya en su anuncio de “renuncia” no son válidos: falta de dinero, encuestas con baja intención de voto, economizar recursos al país y divisiones internas en su partido.
Por esas razones Luis G. Solís (PAC) y Rodolfo Piza (PUSC) habrían renunciado en la Primera Ronda. Ellos tuvieron mayores presiones, pero no lo hicieron, se habían “subido al caballo” y sabían que tenían que llegar al final de la contienda. El honor y la responsabilidad les obligaron a concluir el proceso y respetar la Constitución.
Intentar convencer de que sin dinero no se puede hacer una campaña política es pésima educación cívica y un mal ejemplo a seguir.
Seguramente Solís y el PAC llegarán a gobernar luego de una campaña de austeridad; el FA y el PUSC lograron importantes fracciones legislativas con “las uñas”, los partidos minoritarios sumaron diputados caminando, a pie, sin publicidad.
El argumento de economizar gastos al país es falso, pues por aspectos constitucionales el TSE deberá realizar la misma logística y gastos en Segunda Ronda.
A lo mejor con mayor inversión en publicidad para llamar al voto en un proceso democrático que Araya desdeñó, luego de que en Primera Ronda triplicó o quintuplicó gastos en relación con sus adversarios, en una pésima campaña, con mala estrategia y pagada con recursos del Estado.
Tampoco es cierto que su “renuncia” le ayudará a Solís para legitimar su ascenso al gobierno, nada mejor que una segunda elección para ello, tal y como lo establece la Carta Magna. Le ha quitado a Solís y al PAC la oportunidad de tener una celebración de la resonancia que se avecinaba.
La acción de Araya no puede ser planteada como “heroica”, todo lo contrario, es un mal ejemplo de lucha sin fin por objetivos en los que se cree. Mucho menos es definible como la acción de un estadista, como dijo su Jefe de Campaña.
Acciones como estas le hacen daño a la institucionalidad por puro cálculo político y pone al partido más tradicional y de más pergaminos del país en una situación impropia, ridícula y humillante.
Además, con esta acción Araya se imposibilita de liderar la oposición del PLN, como lo planteó. No puede tener liderazgo quien abandona a sus seguidores pensado únicamente en sus intereses particulares y no en los grupales.
El acto tiene un solo nombre: “eutanasia” política. Araya sabiéndose perdedor e “incurable” en las elecciones del 6 de abril, después de haberse sentido ganador y Presidente por un año, decidió “renunciar” para evitarse “mayores sufrimientos” físicos y psicológicos. Así, dejó botado un caudal electoral de más de 610 mil liberacionistas.
La “eutanasia” política debería tener castigo —como sucede en la medicina— que impida la participación en futuros procesos electorales a las personas que la promuevan y la apliquen por ser ilegal.

Claudio Alpízar