Natalia Díaz

Natalia Díaz

Enviar
Jueves 10 Agosto, 2017

30 años de la firma de los acuerdos de paz en Centroamérica

Se dice fácil que han pasado 30 años desde la firma de los acuerdos de paz en Esquipulas, pero la historia vivida de dolor de nuestros hermanos centroamericanos, no se puede describir con palabras. Familias destruidas por las guerrillas, personas torturadas por defender la libertad, incluidos líderes religiosos que resultaron víctimas de los regímenes de terror por defender a campesinos que eran obligados a abandonar sus tierras y reclutar a sus hijos en las filas de los destructores. La cantidad de vidas cobradas de adultos y niños fue vergonzosa. Centroamérica era y aún es considerada una de las regiones más violentas del mundo.

En nuestro país, solo se vivía el temor de que en algún momento seríamos alcanzados por esta violencia, aunado al fantasma de la Guerra Fría, que ya tenía sus días contados, pero que de igual manera perturbaba la mente de los ciudadanos.

Aunque es de sobra conocido que la voluntad conjunta de todos los presidentes de los países Centroamericanos fue la que permitió un acuerdo, no podemos ser mezquinos en reconocer el papel protagónico del expresidente costarricense Dr. Óscar Arias Sánchez. Su habilidad de negociación, una formación académica de alto nivel, un alto intelecto y el respaldo que significaba ser presidente de un país con una democracia próxima a cumplir un siglo de existencia, colaboró en gran medida a la firma de un acuerdo cuyos beneficios disfrutamos en este momento en la región. Todo esto le fue reconocido en el otorgamiento, tiempo después, del premio Nobel de la Paz, distinción que no solo benefició a su persona, sino también a nuestro país, desconocido para muchos a nivel mundial en aquel momento.

Sin ningún temor a equivocarme, estoy convencida de que la firma de los acuerdos que plantearon la base política para construir el proceso de paz, como la democracia y las elecciones libres, fueron pilar fundamental para el progreso económico, social y financiero de la región. Sin este proceso, habría sido imposible que la región fuera atractiva para la inversión extranjera, ya que la inseguridad jurídica prevalecía. Sin ese proceso de paz, la región se hubiese sumido en un nivel de miseria indescriptible y, aun cuando en este momento atravesamos momentos difíciles en nuestras economías y nos falta mucho para ser considerados países desarrollados, no se puede comparar la situación actual con la que tendríamos de no haberse consumado el proceso de paz.

Hoy es preciso firmar nuevos acuerdos de paz. Hoy las “nuevas guerrillas” se denominan crimen organizado y narcotráfico. La corrupción en las cúpulas políticas sobrevive y se fortalece. La trata de personas, una de las formas de destrucción del ser humano más detestable que puede existir, no solo existe en nuestra realidad, sino que Costa Rica es puente de paso y en muchas ocasiones destino, de este terrible mal.
Insto a las nuevas generaciones a ser los proponentes de los nuevos acuerdos y no solo limitarse a señalar los errores en los que caen las autoridades. Aquella época de los setentas y ochentas fue muy dolorosa, sobre todo para nuestros hermanos de la región. Aquellos niños que vieron cómo mataban, de la peor manera, a sus padres, tíos y abuelos, hoy son adultos valientes, que aún con su dolor, aprendieron a levantarse y sacar adelante a sus respectivos países, dentro del respeto de las políticas democráticas y libres que en aquella ocasión en Esquipulas, se acordó respetar.

Construyamos juntos una nueva democracia fuerte, ante los nuevos tipos de violencia que amenazan a nuestras naciones.