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COLUMNISTAS


2021 La disyuntiva política de los partidos y diputados

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 11 diciembre, 2020


Sinceramente

Durante décadas los partidos políticos fueron creciendo el tamaño del estado. Durante décadas fueron poblando las nuevas instituciones con personal más y más abundante. Muchas personas de las contratadas posiblemente eran amigos o conocidos de los integrantes de esos partidos que a través de influencias lograban conseguir una plaza o una asesoría para quien era su contacto. Pronto las organizaciones políticas se fueron dando cuenta que sus estructuras electorales podían conservarse estables si conseguían puesto para esas personas en el gobierno o en las instituciones y serían más leales, más cercanas y permanentes. Así según parece las estructuras partidarias fueron ocupando en gran medida posiciones a lo largo de los años.

Vino entonces la lucha partidaria por el dominio de esas instituciones y el nombramiento decisivo de personas desde el ministro y el presidente ejecutivo hasta los trabajadores y mandos medios que eran fundamentales y muy estables en sus puestos. Las organizaciones sindicales irrumpieron en ese feliz reino político e iniciaron los procesos de afiliación. Los partidos crearon y fomentaron sus sindicatos afines y el proceso continuó. Si un sindicato afín al partido político en el poder luchaba por lo que ellos llamaban reivindicaciones sociales aparentemente tenían una actitud más complaciente con esas demandas. Había que fortalecer el sindicato afín para que los sindicatos adversarios perdieran influencia. Eran generosos con el dinero de los contribuyentes.

Ni la constitución política de Costa Rica ni el reglamento legislativo determinan que antes de aprobarse alguna ley creando un gasto o una institución debe de determinarse su costo y su sostenibilidad, por lo que las instituciones se multiplicaron alegremente. La única provisión constitucional señalaba que el presupuesto nacional era el límite de acción del gobierno. Ellos, políticos y diputados, presuntamente pensaban que las instituciones nuevas siempre tendrían recursos provenientes de transferencias originadas en el presupuesto nacional o de los impuestos. Como no había elemento legal alguno que los obligara a determinar su costo y las fuentes de recursos para pagar su funcionamiento era fácil y era rápido. Todo recayó finalmente en el erario y la hacienda pública recogió todas las cuentas.

La alternabilidad generó que unos y otros entraran en dicho proceso. Al llegar el multipartidismo se aceleró ya que los nuevos debían colocar a sus partidarios y amigos, sus estructuras y contactos para poder generar la permanencia y sostenibilidad de sus agrupaciones. Los fundadores del multipartidismo provenían de los partidos tradicionales y conocían esos mecanismos que emplearon a fondo. El razonamiento era que si le conseguían plaza el partidario estaba asegurado para mucho tiempo. Si le conseguían plaza el partido tendría con trabajo e ingreso a miles de activistas trabajando dentro de la administración pública. Era el voto duro a sueldo de los costarricenses lo que aseguraban.

Hoy la cosa se complicó y por eso hay una resistencia feroz a la reducción del gasto. La preferencia por los impuestos está influida por el interés de conservar sus estructuras dentro del estado. Lejos de reducir el estado y su generación de gastos se está reduciendo a través de los impuestos la capacidad de consumo y el nivel de vida de quienes no están en la planilla estatal. Los partidos, los jefes en ellos, los gobernantes están desesperados ya que sin dinero proveniente de los impuestos en cantidades suficientes han tenido que contraer más y más deudas. Pero la dificultad de recibir préstamos y su costo por el riesgo que implica la fragilidad fiscal de gastar dos por cada uno de ingresos tributarios hace que los prestamistas internacionales suban y suban los intereses para Costa Rica en momentos en que son históricamente bajos.

Los partidos están claros que si aprueban más impuestos y reducen aún más la capacidad de consumo de los costarricenses y que si aumentan los impuestos a las empresas, emprendedores y productores sus capitales de trabajo y su capacidad de expansión del empleo y de sus negocios se reducirán. Más impuestos hoy generarán descontento y una menor recaudación mañana porque la economía no crecerá lo suficiente. Más impuestos recibirán un castigo electoral ejemplar y perderán evidentemente votos. Pero si reducen el gasto público, si reducen su empleomanía sus estructuras y sus contactos, sus activistas en el sector público, las personas que en campañas electorales son su espina dorsal se resentirán y romperán su pacto de lealtad partidaria.

Por años las estructuras políticas han regalado el dinero de otros. Es muy sabroso ser generoso con dinero ajeno. Por décadas las estructuras políticas partidarias han alimentado sus organizaciones de activistas en el estado con recursos de los impuestos y deudas. Ahora cuando los recursos ajenos se reducen, las estructuras políticas se niegan a reducir el gasto no por otra consideración que sostener a sus partidarios y activistas dentro de la administración pública. De aquí aparentemente nace la negativa e incapacidad del gobernante de generar una verdadera reforma del estado, de eliminar las duplicaciones y suprimir los desperdicios. De aquí la reticencia para suprimir las asesorías y la compra de servicios a terceros cuando en las estructuras del estado hay suficiente recurso humano para manejar todos los asuntos.

Es una disyuntiva seria en la que se encuentran partidos y diputados. Si reducen el gasto se perderán las lealtades de sus partidarios trabajando en el sector público. Si se ponen más impuestos, los votos de los costarricenses los castigarán seriamente. Pareciera que prefieren seguir gastando dos veces los ingresos tributarios y conservar sus estructuras políticas que acabar con estas y hacer florecer la economía y equilibrar el fisco. Hasta el hundimiento final defenderán el gasto que es defender a sus estructuras. Los precandidatos posiblemente guardarán total silencio en este asunto.

El año 2021 será muy complejo y serias decisiones y cuestionamientos harán los costarricenses a este modelo político que de manera sutil y a través de los años se fue instalando en el país.

Emilio R Bruce profesor



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