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Jueves, 14 de noviembre de 2019



COLUMNISTAS


170 años del Partido Conservador

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 07 octubre, 2019


El 3 y 4 de octubre se celebró con merecidos regocijo y orgullo el aniversario 170 del Partido Conservador de Colombia, uno de los partidos políticos con más larga vida.

Mucho agradecí la invitación a tan importante efemérides para América Latina, que fue gran ocasión para reflexionar sobre la importancia de los partidos políticos para la democracia, en especial en estos tiempos. Además de gran significado para mí, pues mi padre nació en Colombia, y dos de mis tatarabuelos y una tatarabuela participaron en las gesta libertadoras de Cartagena iniciada en 1811.

La democracia es sobre todo un medio de formación de opinión, que se fundamenta en discusión inteligente para llegar a acuerdos por la regla de mayoría.

No es solo regla de mayoría. Es discusión inteligente, deliberación racional, negociación, construcción de acuerdos. Muy pocas cosas se pueden decidir por un simple sí o no. Los temas son complejos, los intereses diversos y a veces encontrados, y hay principios que deben ser respetados de mayor jerarquía a lo que generalmente se discute.

Es imposible, incluso con las más modernas tecnologías, imaginar una discusión constructiva entre miles, cientos de miles o millones de personas.

Por eso la democracia o es representativa o no es democracia.

¿Cómo puede haber representación sin partidos políticos?

Los partidos son intermediarios que aglomeran personas con intereses propios, que coinciden en algunas preferencias y valores, y se organizan para participar en las tareas de gobierno. Mediante ellos se eligen los representantes de los ciudadanos que tomen decisiones del poder estatal.

Si por esas razones son indispensables los partidos políticos, con mayor razón lo son en la hora que vivimos.

A finales del siglo pasado vivíamos el triunfo de la democracia en América Latina. De solo 3 naciones democráticas en los ochenta (Costa Rica, Colombia y Venezuela) habíamos pasado a tener como excepción solo a Cuba. Pero ya entonces empezó a darse el desencanto que hoy se ha generalizado respecto a la democracia, al estado de derecho, a políticos, a partidos políticos, a la globalización y a la institucionalidad internacional.

Después de la gran recesión, el relativismo se ha apoderado de los valores, de los conocimientos y hasta de los propios hechos. Vivimos los tiempos de la posverdad, los hechos alternativas y la paparruchada. Vivimos la prevalencia de las emociones y no de la razón. En estas circunstancias requerimos partidos políticos moderados que nos amparen contra la debacle de los populismos.

Es gran responsabilidad histórica de los partidos políticos evitar que nuestras naciones sucumban ante los engañosos encantos de los populismos. Se enfrenta el riego de quienes pretenden destruir el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos, y engolosinan a mayorías de ciudadanos haciéndolos creer que algún iluminado -en directa conexión con ellos- es capaz de resolverles todos sus problemas, venciendo a un enemigo ficticio que encarna el mal y que para cada ocasión se inventa.

Para esta tarea se requieren partidos moderados, de centro, tolerantes, que equilibren libertad y solidaridad, justicia social y eficiencia, derechos humanos y valores de vida y familia, estado y mercado, producción y conservación ambiental, seguridad ciudadana y justicia.

Se requiere dirigentes que respeten los valores fundamentales de la democracia humanista, que enfrenten las necesidades básicas que confrontan los ciudadanos diariamente, que promuevan la eficiencia del estado y la sociedad, que trabajen en la formación de sus copartidarios, que abran los partidos para atraer a líderes de todas las esferas sociales, económicas, culturales y profesionales, y que se distingan por su honorabilidad y vocación de servicio. Que respondan a la afirmación de Pio XII de que la política es, después del sacerdocio, la más sublime de las profesiones.

El partido Conservador de Colombia nos da ejemplo de superación en horas de dificultad y graves problemas.







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