Roberto Dobles

Roberto Dobles

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Lunes 5 Diciembre, 2016

Además del gas natural, también se está desperdiciando aquí el abundante potencial nacional de energía solar

¿Transición energética en Costa Rica?

Los estudios RECOPE (escenario medio) indican que el consumo proyectado del país a 2035 de petróleo explorado, producido y refinado en el extranjero sería de 33,5 millones de barriles y el año pasado fue de 19 millones de barriles (un 76% más que el consumo de 2015). No hay proyecciones de RECOPE más allá de 2035.
Los estudios del Ministerio de Ambiente y Energía realizados por la Dirección Sectorial de Energía muestran también que el consumo nacional energía (incluyendo los derivados de petróleo) está creciendo rápidamente pero que el mix energético no está cambiando:
• 2015: Petróleo 62,0%, Hidroelectricidad 16,6%, Biomasa 16,6%, Otras Renovables 4,3%.
• 2030: Petróleo 62,4%, Hidroelectricidad 18,7%, Biomasa 13,9%, Otras Renovables 4,2%. No hay proyecciones más allá de 2030.
Estos datos muestran que la participación de la biomasa decrecería un poco entre 2015 y 2030 (del 16,6% al 13,9%) y que la de la hidroelectricidad aumentaría ligeramente (del 16,6% al 18,7%), lo cual compensa la pequeña disminución en la participación de la biomasa.
No se prevén cambios en este período entre las energías no renovables (derivados de petróleo importados) y las renovables (nacionales). En 2015 representaron respectivamente el 62,0% y el 38,0% y en 2030 representarían respectivamente el 62,4% y el 37,6%.
Bajo las políticas actuales, las masivas importaciones petroleras continuarán creciendo en términos absolutos y el país seguirá anclado a las fuentes renovables y no renovables importadas caras y tradicionales. La participación de los derivados de petróleo extranjeros continuaría siendo excesivamente alta y dominante en el abastecimiento energético futuro del país.
La demanda nacional de derivados de petróleo importados no solamente crecería un 76% en términos absolutos a 2035, sino que con estas tendencias es previsible que continúe creciendo después de ese año. No hay estudios con un horizonte superior que analicen lo que podría ocurrir a partir de 2030 (en el caso de Ministerio de Ambiente y Energía) y a partir de 2035 (en el caso de RECOPE).
No se sabe entonces cuándo la demanda petrolera del país y las enormes transferencias de recursos fiscales y no fiscales a los países petroleros podrían llegar a estabilizarse para alcanzar su pico y empezar luego a descender progresivamente en las siguientes décadas.
Al no implementarse alternativas energéticas de impacto que permitan ir desplazando progresivamente las masivas importaciones petroleras que realizamos, la dependencia petrolera continuará siendo el doble de la dependencia petrolera mundial.
Los estudios internacionales muestran que la participación actual de petróleo en el mix energético mundial está en el rango de 31%-36% y que la proyección a 2030 estaría en el rango de 28%-32%. En Costa Rica, los estudios señalan que la participación actual del petróleo importado en el mix energético nacional es del 62,0% y que en 2030 sería del 62,4%.
Es preocupante también que la política energética del país no esté buscando introducir el gas natural nacional en nuestro mix energético, a pesar de que esta fuente de energía es uno de los combustibles claves que está impulsando la transición energética en el mundo, junto con las energías renovables no tradicionales (como la energía solar). El gas natural simplemente no aparece en el mix energético de Costa Rica proyectado a 2030.
Los estudios internacionales demuestran que el gas natural es la fuente de energía que más crece a nivel internacional y la que se convertirá en la principal fuente de energía del mundo, al desplazar al petróleo en el futuro, el cual pasará al segundo lugar. Lo anterior porque mucho es mucho más barato y abundante que el petróleo, ambientalmente superior y escalable rápidamente (todos los equipos y vehículos que actualmente consumen derivados de petróleo pueden utilizar gas natural con la instalación de un pequeño kit de conversión dual).
Pero en el país la política energética prefiere mantener la excesiva dependencia de los caros y volátiles derivados de petróleo importados y sus enormes transferencias de recursos fiscales y no fiscales al exterior en lugar del gas natural nacional y las enormes cantidades de recursos fiscales y no fiscales que esta producción nacional generaría.
Pero además del gas natural, también se está desperdiciando aquí el abundante potencial nacional de energía solar, otra fuente de energía de alto crecimiento en el mundo. La energía solar avanza muy poco en el país y aparece en el mix energético nacional actual y proyectado con una participación muy baja junto con otras fuentes de energía dentro de la categoría de Otras Renovables. Esta categoría tuvo una participación del 4,3% en 2015 y de, acuerdo con las proyecciones oficiales, tendría una participación del 4,2% en 2030. El engorroso reglamento que entró en vigencia hace unos meses se ha convertido en una camisa de fuerza, ya que impone condiciones y trámites excesivos y costos elevados e innecesarios que obstaculizan fuertemente su desarrollo.
Como conclusión, los estudios técnicos demuestran que en el país:
• No está ocurriendo ninguna transición energética.
• No se están adicionando alternativas energéticas de impacto (como el gas natural nacional) que empiecen a sustituir las grandes importaciones de petróleo explorado, producido y refinado en el extranjero y las grandes transferencias al exterior de recursos fiscales y no fiscales que están asociadas a estas importaciones.
• No se está generando en el sector energía la gran cantidad de recursos financieros que podrían generarse continuamente para poder asegurar durante las siguientes décadas la disponibilidad de los recursos que son necesarios para potenciar el desarrollo nacional y la transición energética.
• No se están desarrollando alternativas energéticas que puedan ser usadas simultáneamente como materia prima (gas natural, por ejemplo) para producir en el país miles de productos no energéticos que actualmente se importan, como los fertilizantes, para crear nuevos polos y nuevos clústeres de desarrollo.
• No se están desarrollando tampoco soluciones energéticas que adicionalmente contribuyan a resolver los serios problemas que existen en el país, más allá del grave problema energético que tenemos, tales como la creciente desventaja competitiva, el creciente déficit fiscal, la enorme carencia de recursos, el alto desempleo, los altos niveles de pobreza y el bajo crecimiento económico que no genera la suficiente riqueza que el país necesita.