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Miércoles, 12 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


​Reelección, colmilludos y desdentados

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 23 noviembre, 2016


Los diputados se forman, se educan en su trabajo, y deben mantenerse en sus curules los que se distingan en su labor

Pizarrón

Reelección, colmilludos y desdentados

Nada mejor para el proceso político electoral, de carácter legislativo, que hubiera la llamada carrera parlamentaria y la reelección indefinida.

Mediante esta posibilidad se daría la oportunidad de que buenos diputados puedan reelegirse tantas veces como el electorado lo disponga, y también el partido político, al que pertenezca el diputado, aprecie que debe continuar en su labor, en su trabajo, en su oficio parlamentario.
La reelección de diputado existe pero alternativa, debe dejar por lo menos cuatro años para volver a postularse, también escogido y propuesto para elegir por el partido al que pertenezca.
El no reelegir sucesivamente obliga a improvisar, en la mayoría de los casos, a nuevos diputados, que duran varios meses en aprender el teje y maneje del trabajo parlamentario, del debate legislativo, y sobre todo del uso, y buen uso, del Reglamento Legislativo, que regula las sesiones parlamentarias.
Antes de 1948 los diputados podían reelegirse continuamente. Manuel Mora Valverde, fundador y secretario general del Partido Comunista de Costa Rica, desde 1943 llamado Vanguardia Popular, así fue elegido en 1934 y reelegido sucesivamente hasta 1948. Otros grandes parlamentarios, de otros partidos, también, como él fueron reelectos, dándoles un gran nivel político, y de debate parlamentario, a las sesiones legislativas.
Esta reelección es lo que se conoce como carrera parlamentaria. Es una escuela de formación de diputados. Como en toda escuela los alumnos se distinguen unos de otros. Y, esos distinguidos, son los que pueden avanzar en ese proceso parlamentario, desarrollándose y destacando.
Tiene ventaja el sistema que la reelección hace que el proceso legislativo se agilice, se impulse con más dinamismo, ya que los diputados reelectos le dan continuidad al proceso de formación de las leyes, y los diputados nuevos, los que recién inician aprenden más velozmente de los que ya traen la discusión y continuidad de los proyectos de ley. Los diputados reelectos así van halando a los nuevos.
En el sistema actual, en la práctica legislativa, los pocos que son reelectos, se tienen que amoldar o igualar a la mayoría de los diputados nuevos, en su aprendizaje parlamentario, con el perjuicio que esto tiene para el trabajo parlamentario, y la repercusión que ello tiene para la mala imagen de la Asamblea Legislativa y de sus diputados.
Cuando hay periodos o campañas político electorales, como la actual que ya empezó, se embarriala mucho el trabajo parlamentario por la lucha de candidaturas presidenciales que afecta a los propios diputados, apoyando precandidatos y cuando ellos mismos aspiran a ser precandidatos. Y, esto sucede, en mucho, porque los diputados no se ven reeligiéndose a sí mismos, como parte de sus especialización y distinción legislativa, porque no pueden reelegirse, y sabiéndose importantes en ese trabajo aspiran a las precandidaturas presidenciales. Ciertamente, hay diputados que en su trabajo y carrera parlamentaria pueden brillar para la candidatura presidencial, y hasta la pueden ir puliendo con su trabajo parlamentario. Pero no todos tienen ese brillo, ni desarrollan esa capacidad y talento.
Los diputados se forman, se educan en su trabajo, y deben mantenerse en sus curules los que se distingan en su labor. Lo que sucede en el país es una improvisación constante, cada cuatro años, de llevar diputados sin experiencia, que al lograr algo de ella, a los cuatro años hay que sacarlos a todos de la Asamblea Legislativa, para volver a improvisar con otro grupo, y dentro de este con algunos que ya lo fueron, para repetir de nuevo el mismo ciclo parlamentario, de “empezar de nuevo”.
Los líderes políticos se forman, no se improvisan, en el trabajo político. Se desarrollan en el trabajo político continuado. Formar un líder, un dirigente, es un proceso de tiempo, de varios o muchos años. Por eso no es fácil encontrar, como se pretende en demandas actuales, líderes jóvenes, inexpertos en las luchas políticas, o exaltar, como también se hace, a la juventud nacional, como mayoría ciudadana, para que asuma puestos legislativos o ejecutivos. Los puede haber, por supuesto que sí, excepcionales, pero son pocos e invisibilizados. Y, su invisibilización, los hace no solo anodinos sino inexistentes en la realidad a los efectos políticos, y hasta para las encuestas, las que se concentran en las figuras de los “conocidos”, de los “malos conocidos”, mejor que los “buenos por conocer”, y en los líderes o dirigentes de los grandes partidos que de los pequeños, nuevos o alternativos movimientos políticos.
La reelección de diputados debe plantearse como reforma constitucional, ya no para las elecciones de 2018, no hay tiempo parlamentario para una reforma como esta, pero sí para las elecciones de 2022. Esto urge. Debe discutirse ampliamente, sin prejuicios ni mezquindades, sin temor. Sin temor alguno.
Como en la naturaleza la lucha de las especies selecciona los mejores, en el mundo político, de igual manera, se produce una selección de personas, de líderes, de dirigentes, de guías políticos, de conductores políticos, de estadistas nacionales, en quienes la gente y las personas, los ciudadanos, confían, con quienes se identifican y a quienes les depositan sus esperanzas y sueños de un mundo mejor, de otro mundo posible, de una patria para todos, inclusiva, solidaria, más humana y más democrática.
La lucha electoral que se ha desatado desde hace pocos meses ya está haciendo brotar a estas figuras en los diversos partidos existentes y en los que están en proceso de inscripción para las elecciones de 2018. Solo en una docena de partidos de los existentes, de los 18 que están en trámite de inscripción, hay 24 ciudadanos que aspiran a llevar la bandera presidencial de estos partidos, y aquí hay líderes, dirigentes o políticos conocidos, “colmilludos”, y los hay neófitos, improvisados, ad hoc, para la ocasión, “desdentados”, sin diente alguno.
En los próximos cinco meses este panorama estará claramente despejado. Ya faltan solo 13 meses para las elecciones de 2018. ¿Se ha puesto a pensar en ello?
Así como se improvisan diputados se improvisan presidentes.
Procuremos escoger, dentro de lo posible, lo mejor.
De todos los animales de la naturaleza, parece ser el hombre el único que se tropieza en la misma piedra dos o más veces. Y, el animal político, el zoon politikon, no es ajeno a esta realidad. ¿Nos tropezaremos otra vez, como sociedad, como colectivo político, a repetir la misma historia?