5 preguntas sobre dinero para enseñarles educación financiera a los niños
Hablar de deseos, necesidades, esfuerzo, solidaridad y metas desde edades tempranas ayuda a que desarrollen hábitos responsables y comprendan mejor el valor de sus decisiones
La educación financiera puede comenzar mucho antes de que una persona tenga su primera cuenta bancaria.
Las conversaciones familiares, las compras del día a día y la definición de metas son oportunidades para que niñas y niños aprendan a tomar decisiones responsables con el dinero.
José Daniel Artavia, economista del Banco Nacional, propone cinco preguntas que los padres pueden incorporar a situaciones cotidianas para convertirlas en aprendizajes útiles para el futuro.
1. ¿Qué significa esperar por algo que realmente queremos?
En una época en la que muchas cosas están disponibles de inmediato, aprender a esperar permite desarrollar paciencia y perseverancia. También ayuda a comprender que alcanzar determinadas metas requiere tiempo, esfuerzo y planificación.
2. ¿Cómo diferenciamos un deseo de una necesidad?
Las decisiones de compra pueden servir para conversar con los menores sobre aquello que necesitan frente a lo que simplemente quieren. Este ejercicio fortalece su capacidad para analizar opciones y entender que cada decisión tiene un impacto.
3. ¿Por qué el esfuerzo tiene valor?
Explicar que los recursos económicos están relacionados con el trabajo, el tiempo y la dedicación permite que los niños comprendan mejor de dónde proviene el dinero y desarrollen mayor respeto por su uso. Esta enseñanza puede contribuir a formar hábitos responsables que los acompañen durante su vida.
4. ¿Cómo pueden nuestras decisiones ayudar a otras personas?
La educación financiera también puede relacionarse con valores como la empatía y la solidaridad. Compartir, colaborar o destinar parte de los recursos para apoyar a alguien más permite que los menores comprendan que las decisiones económicas también pueden beneficiar a otras personas y a la comunidad.
5. ¿Qué sueños queremos alcanzar?
Conversar sobre metas personales o familiares ayuda a que los niños relacionen el dinero con propósitos y no solamente con compras. Planificar unas vacaciones, ahorrar para algo que desean o establecer una meta familiar son ejercicios sencillos que les permiten aprender a organizar recursos y pensar en el futuro.