Marcello Pignataro

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Lunes 21 Abril, 2008

¿Y las presas?

Marcello Pignataro

Parafraseando el famoso comercial de televisión, no puedo evitar preguntarme qué ha pasado con las presas en San José. No sé si habrá sido cuestión de suerte o qué, pero en reiteradas ocasiones, no en horas pico pero sí en las anteriormente consideradas como conflictivas, he pasado por el centro de San José “a propósito” —desde la estatua de León Cortés hasta el final de la avenida segunda— y me he encontrado con la agradable sorpresa de que las presas ya no son tales.
No voy a decir que las presas desaparecieron, pero la fluidez en el tránsito es notoria. Como estadística puedo decirles a mis estimables lectores que un viernes llegué a la entrada del Paseo Colón a las 3.48 p.m. y antes de las 4 p.m. estaba por el Centro Comercial de Guadalupe. Para ser más específicos fue el 7 de marzo.


Lo que había que tener, como lo dijeron las “Damas de Hierro”, era un poquito de paciencia para que los semáforos inteligentes pudieran recopilar suficiente información y brindar más fluidez a quienes deben (y conjugo el verbo en tercera persona porque yo no paso habitualmente por San José) circular por el centro de la capital.
Los semáforos inteligentes, entre otras acertadas medidas, han colaborado enormemente a reducir las presas en el centro y calles aledañas. Lástima, eso sí, que los conductores estúpidos siguen circulando como si nada. Pero, para reducir a los energúmenos del volante, está en camino la Ley de Tránsito que, de aplicarla como se debe, colaborará aún más en volver a hacer de nuestras calles sitios agradables para transitar, pasear y hasta distraerse.
A pesar de que, en una columna anterior, consideré que la solución a los conductores ebrios, irresponsables y demás no era necesariamente la confección, aprobación y publicación de más y mejores leyes, sino su aplicación práctica, creo que estas iniciativas colaboran más de lo que obstruyen.
La educación vial se debe impartir como materia obligatoria en todas las escuelas, colegios e institutos del país —públicos y privados— de la misma forma en que el ministro Garnier —otro que, a mi criterio, ha hecho una excelente labor— está impulsando la educación sexual —ojalá sin que la Iglesia se meta— para todos los estudiantes de este país.
Los conductores de transporte público —autobuses y taxis— deben estar refrescando constantemente sus conocimientos en servicio al cliente, cortesía, relaciones interpersonales y demás. Los conductores reincidentes deben volver a llevar el curso teórico y práctico de manejo, prestar algún tipo de servicio comunitario o colaborar de alguna manera con la sociedad.
Por muchos es sabido que el 80% de las riquezas del mundo está repartido entre el 20% de la población. Recientemente leí que si el 100% de la riqueza se repartiera equitativamente entre todos los habitantes del planeta, en cuestión de cinco años el mismo 80% estaría manejado por el mismo 20%. Como todo en la vida: es cuestión de mentalidad.


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