Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 12 Diciembre, 2013

Estamos ante la posibilidad de un proceso (electoral) que se pueda definir por “la mínima”


Sin tregua

Voto a la tica   

La mayoría de las encuestas vistas a la fecha dejan claro que el “pastel electoral” tiene tres grandes porciones: una con el 35% de ciudadanos que ya escogieron candidato, otra porción del 35% que aún no sabe por quién votar, y otra de un 30% que ya decidió no votar.
En total tenemos aproximadamente un 65% de costarricenses que no sabe qué hacer con su voto, a los cuales la Constitución Política les dice que es obligatorio hacerlo, pero que en la práctica no lo es. No votar no tiene sanción en nuestro país; por lo tanto, si no hay motivación es posible que muchos de la “porción” de los indecisos terminen engrosando el abstencionismo y así romper la cifra récord de 2006, que superó el 34%.


Hoy por hoy la duda de por quién votar se sustenta en otras variables, muy distantes de la variedad en los candidatos. En pocas ocasiones hemos tenido a los medios de comunicación concentrados en cinco candidatos, históricamente la lucha a la presidencia ha sido entre dos o tres. Además, para los que gustan de sentirse sofisticados hay variedad ideológica, para todos los gustos. Empero, la dificultad de decisión se centra en la desilusión, en la poca esperanza, con un ciudadano que no quiere sentirse responsable de la elección.
Las elecciones 2014 se decidirán a “la tica”, como la vieja costumbre de dejar todo para solucionarlo al final. Estoy convencido que la decisión definitiva del voto en un muy alto porcentaje se dará en los últimos días de enero 2014, cuidado si no  el propio 2 de febrero.
Este “voto a la tica” nos tendrá hasta el final del proceso con dudas de quién será el triunfador en las elecciones o, por qué no, quiénes serán los dos finalistas para la segunda ronda.
Hace algunos días ante invitación que me hiciera el Tribunal Supremo de Elecciones, junto con otros formadores de opinión, hice el comentario de que estamos ante la posibilidad de un proceso que se pueda definir por “la mínima”. Similar a lo acontecido en las elecciones de 1966 y de 2006, lo cual obliga a los partidos políticos y al propio TSE a cuidar hasta el último voto para la limpieza acostumbrada en un proceso electoral en Costa Rica.
Pudiera ser que quienes han venido punteando la intención de voto en la “porción” de los que ya tienen candidato, tan solo 35% del total del 100% del padrón, se sientan ganadores desde ahora, ignorando el altísimo porcentaje de indecisos.
Y que el 2 de febrero próximo el silencioso “voto a la tica” —de última hora— les dé la sorpresa de una derrota, inclusive dejándolos fuera de una posible segunda ronda, lo cual podría ser aprovechado por los que gustan golpear la sólida institucionalidad costarricense para insinuar o promover fraude.
La incertidumbre y las encuestas a “boca de urna” tendrán a los principales candidatos a la presidencia de la República al borde del infarto, por milésimas podría darse una segunda ronda e igual podrían definirse los ganadores.
El “voto a la tica” será la gran emotividad de las elecciones presidenciales 2014, teniendo en cuenta —como ya he dicho en otras ocasiones— que las elecciones son tomadas por los ciudadanos como una venganza y la papeleta como esa daga para herir y defenderse de las frustraciones.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo