Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 1 Agosto, 2013

Hoy nuestros partidos políticos, más clubes electorales que partidos, definieron el “plato del día” para el 2 de febrero de 2014. No habrá lomito ni corvina, deberemos escoger entre pollo o carne


Voto 2014: a la carta  

A muchos de nosotros el día del pago salarial —o cuando sobran algunos cincos— nos gusta ir a un buen restaurante, pedir el menú y ordenar a la carta con delicadeza los alimentos que se antojan.
Cuando la billetera anda bien nos atrevemos a solicitar cambios de guarnición y hasta agregar una copa de buen vino. Empero, cuando la billetera anda “limpia” buscamos una fonda que ofrezca el “plato del día”, llamémosle más elegante: Almuerzo Ejecutivo, así nos ajustamos a la realidad de los recursos y consumimos entre las limitadas opciones que se ofrecen.
Similar sucede con la oferta de los candidatos a la Presidencia de la República. Antes de la elección soñamos armando nuestro candidato ideal, igual que en un “menú a la carta”, lo adornamos con las características que creemos apropiadas y con las virtudes necesarias para tan importante cargo.
Entonces, pensamos que el candidato debe ser guapo y con la sonrisa de Carazo Odio, deberá tener el discurso convincente de Oduber Quirós, la visión de estadista de Calderón Guardia, el carácter y la sencillez de Figueres Ferrer, la honestidad comprobada de Trejos Fernández y la habilidad política de Echandi Jiménez.
Además, no podrá faltarle la simpatía de Pacheco de la Espriella, así como el respeto y el reconocimiento internacional de Arias Sánchez.
Pero pasados los meses, los partidos políticos —que actualmente se encuentran con una bolsa escasa de figuras— de golpe nos llevan a la realidad y como no tienen grandes líderes que ofrecer para los difíciles tiempos actuales, terminan armando para el primer domingo de febrero un “plato del día”, un almuerzo ejecutivo, así nuestros sueños del “menú a la carta” se desvanecen.
El día de la votación, ya ubicados en la realidad de que no podemos seguir soñando con un “candidato a la carta” y sabedores de tener “hambre” democrática —ganas de votar— llegamos a las urnas con desconsuelo —casi una gastritis— y nos dicen que el “plato del día” es pollo o carne, tal vez una chuletita. Entonces exclamamos: “¡Ahh, pero yo quería lomito o camarones jumbo! No señor —nos contestan— lo siento, escoja: pollo o carne”.
Algunos quedarán en ayunas —votan en blanco o se abstienen—; otros marcan de todo pero nada les gusta voto nulo—; otros ceden al hambre y escogen lo que menos daño les hace. Por su parte, otros tantos llegarán a consumir lo acostumbrando, puesto que ya, desde hace mucho tiempo, perdieron el paladar y les da igual por quien votar.
Hoy nuestros partidos políticos, más clubes electorales que partidos, definieron el “plato del día” para el 2 de febrero de 2014. No habrá lomito ni corvina, deberemos escoger entre pollo o carne. Esto obliga a buscar una “nutricionista” —conciencia— o un “cardiólogo” —corazón— para que nos indique qué es lo más conveniente para el cuerpo —país— y con conciencia hacer lo correcto al estudiar cuál de esos “alimentos” —candidatos y partidos— es el menos dañino. Albergando la ilusión de que vendrán épocas de inflexión y de bonanza política que permitirán regresar a un “menú a la carta”. A lo mejor lo importante es seguir el consejo de Michel de Montaigne (1533-1592): “El hombre no debe atender tanto a lo que come como a con quien come”.

Claudio Alpízar Otoya