Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 2 Febrero, 2010


Votemos

Sirvan estas líneas —ojalá— para ahuyentar la desidia y reivindicar nuestro compromiso con la democracia.
Rememorar a Osejo, en su máxima expresión, como nuestro primer republicano. Gregorio José Ramírez, en su pureza. Y también a Juanito Mora o Braulio Carrillo quienes desde la presidencia, así reconocido por Constantino Urcuyo y otros en su libro “Democracia Costarricense: Pasado, presente y futuro”, fueron artífices de los cimientos que nos hacen esta semana anticipar dichosamente una elección presidencial, legislativa y municipal, mediante el voto.
Claudicar del poder absoluto en una persona o grupo, en razón de su fuente: el pueblo.
No temer al fraude, la violencia o la imposición que pueden sustituirla tan fácilmente.
Recordar, que la institucionalidad de nuestro sistema sigue vigente y exige no solo compromiso sino también participación.
Más de 100 años de tradición. Más de diez elecciones libres y sucesivas.
Irremediablemente desgastados, pero tan vivos hoy como ayer en virtud del ADN democrático y costarricense que, no obstante reducirse por cinismo o sordidez (también egoísmo de quienes compiten por una silla, y que lejos de validar el proceso lo cuestionan en su interés), sigue vivo en espíritu, razón y ser.
¿Por qué votar? Cada uno encuentra sus respuestas, solo puedo apuntar las mías.
Porque la democracia sigue teniendo razón frente a alternativas que no encuentran asimiento duradero.
Por mis hijos. Esa es la fácil.
Por Costa Rica. Hoy complicada en función del ¿qué somos? En medio de las discusiones ideológicas y también pragmáticas que siguen sin definirnos pero llevan a encontrarnos, en una democracia legítima, vibrante y cierta. Todavía válida, en las conclusiones de Octavio Paz que cumplen casi 20 años: “El caso de la pequeña Costa Rica, en el corazón de la revoltosa y autoritaria América Central ha sido y es admirable”.
Por lo que resta. Porque aunque pareciera que todo pasado fue mejor, nadie vive de él sino solo a propósito de él. Para quienes tenemos que empujar, no importa el resultado del 7 de febrero, la vida será igual con un aliciente nuestro: en democracia.
Por lo invertido. Sea que a diferencia de los pares, este país hizo el propio lejos de dictaduras y se perdió. Más puede recuperarse, aprovecharse, siempre que nos reencontremos porque nuestras aspiraciones todavía tienen asidero en un país de gente pensante, trabajadora y comprometida.
Por lo perdido. Porque este país merece más. Porque la corrupción lo ha corroído pero no lo ha vencido.
En razón de todo lo anterior, debemos votar, porque su defecto nos implica también. Al cabo de cuatro años, volvemos a ejercer nuestro derecho y nos revalidamos como costarricenses con nuestra obligación: El voto es ineludible en su acción (no vale en el abstencionismo), porque nos debemos a nuestra historia, a nuestro presente y a nuestro futuro como país y como ciudadanos.