Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Sábado 6 Febrero, 2010


Votar en un país feliz


Como residuo de las campañas electorales queda flotando en el ambiente un cierto pesimismo derivado de las críticas y resentimientos, de los puntapiés, rasguños y golpes bajos entre los aspirantes al poder presidencial.
Esta aura de negatividad tiene que ser puesta en contexto, no más allá de las circunstancias de un proceso electoral, de las ansias de seres humanos con fuerte interés detrás que buscan el apoyo popular para alcanzar la primera silla del país.
Por encima de las voces y banderazos propagandísticos, de la sonrisa y rostro de la actual administración presentando su mejor perfil, está la realidad, nuestra tierra, forjada por ciudadanos que como en pocos momentos en la vida política serán escuchados en las urnas.
Tenemos muchos motivos para sentirnos privilegiados, vivimos en un país que es admirado por su naturaleza, por su gente, por su felicidad.
Hemos conseguido que el mundo reconozca nuestras riquezas inmateriales, una vida longeva, el contacto con nuestras familias y amigos, el compromiso con la naturaleza.
Todo esto ha sido logrado por nuestra estima a la paz. Una vida feliz es una vida pacífica. No existe otro camino para evolucionar.
Este legado ha sido preservado por más de medio siglo y constituye el principal acierto de la historia de los costarricenses.
Las divergencias, las rivalidades, los puntos de vista encontrados deben ser depuestos en la fiesta democrática que viviremos este domingo, pues merecemos el máximo respeto a la herencia de generaciones pasadas que con éxito cultivaron la adhesión a la paz que hoy da tantos frutos.
Votar en un país feliz significa ejercer este derecho respetando el de los demás y celebrando que podemos disentir sin necesidad de tomar las armas.
Es por ello que podemos sentirnos orgullosos este domingo y disfrutar a plenitud de una democracia joven aún, en formación, con sus dificultades y deficiencias, pero que ha logrado salir avante gracias a la participación de aquellos que entienden el valor de lo que tenemos.