Votantes indecisos no serán blanco fácil para Clinton y Trump
Hillary Clinton habla durante una campaña en Filadelfia, Estados Unidos. Bloomberg/La República
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Craig Bell no está muy entusiasmado con la idea de tener que elegir entre Hillary Clinton y Donald Trump.
Cuando este ingeniero de software de 55 años, que vive en Columbus, Ohio, sintonice esta noche el debate entre los candidatos presidenciales demócrata y republicano, lo que vea será tan importante como lo que escuche.


“No sé bien cómo decirlo, pero solo quiero ver cuál actúa de manera más presidencial y más confiable”, dijo Bell mientras almorzaba sentado a una mesa frente al North Market en el centro de Columbus.
Bell integra una pequeña franja del electorado, desde un 3% al 10% en las encuestas, todavía indeciso respecto de la elección del 8 de noviembre. Quiénes son esos votantes y qué los llevará a emitir un voto son dos aspectos cruciales para Clinton y Trump, que van arañando cada punto porcentual en una contienda reñida.
Entrevistas realizadas en distritos clave de Ohio y Pensilvania, así como en otros estados decisivos, pusieron en evidencia a votantes que descartaron, dijeron, ya sea a Clinton o a Trump, pero que no están a gusto con la alternativa. Algunos están pensando en un tercer candidato, como el libertario Gary Johnson o directamente en no votar para presidente. Los temas les parecen importantes, pero la mayoría dice que ya sabe dónde están parados los candidatos y no espera que digan algo nuevo cuando se encuentren esta noche en la Hofstra University de Nueva York para el primero de tres debates programados.
Lo que tratan de ver ahora es cómo se conducen los candidatos y cómo manejan el debate para, de esa manera, tener una razón para apoyar al que menos les disguste.
Margot McKee, una agente inmobiliaria viuda de West Chester, Pensilvania, que está afiliada al partido Republicano, votó por Trump en la primaria del estado en abril. Ahora no está segura. Trump “se cava su propia fosa”, dijo.
“Supongo que trataré de ver si Donald puede debatir en forma reflexiva”, dijo McKee. “Hasta ahora, no hubo un verdadero debate. No se han escuchado uno al otro”.
West Chester es uno de los suburbios de Filadelfia con un nivel de riqueza y educación más alto que el resto de Pensilvania que está emergiendo como el cortafuego electoral de Clinton. La región, donde vive uno de cada cuatro votantes del estado, también se está convirtiendo en un baluarte del Partido Demócrata en las elecciones nacionales. Pero en la zona del gran Filadelfia, un 6% de los votantes está indeciso en una competencia cabeza a cabeza entre Trump y Clinton, según el instituto de encuestas del Muhlenberg College.
Esa cohorte de votantes da a Trump, que confía en reunir mayorías en las zonas más rurales del estado, una oportunidad si puede probarles que es capaz de cumplir con los cambios que ellos quieren en el sistema político paralizado, dijo Christopher Borick, que enseña ciencia política en la facultad en Allentown y es director de la encuesta.
“En un lugar como los suburbios de Filadelfia tendrá que generar confianza en que no hará descarrilar esto”, dijo Borick. “Tiene que convencer de que puede sacudir las cosas pero no al punto de destruirlas”.


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