Volkswagen enfrenta retos con su deuda de $20 mil millones
Frank Witter, director financiero de Volkswagen durante una entrevista con Bloomberg. Bloomberg/La República
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En octubre pasado, Frank Witter recibió tarde en la noche un correo electrónico que resultó tan desalentador como estimulante.
Dicho correo invitaba a Witter a una reunión a las 9 a.m. en el aeropuerto de Braunschweig, a media hora en auto de la sede central de Volkswagen (VW) en Wolfsburg. Al término de ese día, Witter, que en ese entonces era responsable de la división de servicios financieros de VW, había sido nombrado director financiero de todo el grupo integrado por 12 marcas, asumiendo uno de los trabajos más difíciles de Alemania.
En el momento de la designación, la compañía en la que Witter había trabajado durante décadas estaba mirando al vacío. La admisión, por parte de VW, de que había manipulado millones de motores diesel para hacer trampa en las pruebas de emisiones había hecho caer a su máximo responsable y estaba afectando el precio de su acción, y circulaban versiones de que VW, la piedra angular del orgullo de la ingeniería alemana, podría directamente desintegrarse.
Como director financiero, a Witter le corresponde pensar cómo financiar la innovación necesaria para tener éxito en un mercado automotor que cambia rápidamente, vehículos eléctricos, tecnología de conducción automática, servicios de viajes compartidos, debiendo digerir al mismo tiempo un golpe sin precedente por un valor de $20 mil millones asestado por las multas y otros costos relacionados con el escándalo. Esto significa implementar una disciplina financiera mucho más estricta en una organización acostumbrada al gasto desenfrenado y al exceso en materia de ingeniería.
“La montaña se está moviendo”, dijo Witter en su primera entrevista extensiva desde que asumió su cargo. “Tal vez no tan rápido como yo hubiera querido como director financiero, pero se mueve”.
Los retos son enormes. VW apartó 17.800 millones de euros para cubrir los costos relacionados con el escándalo, pero Witter dijo que los daños totales continúan siendo difíciles de predecir, pese a que la empresa conoce actualmente mejor los riesgos. Por su parte, las ventas se desplomaron en Estados Unidos, Brasil y Rusia. En China, el mayor mercado de VW, la competencia se intensifica en tanto la demanda de nuevos autos disminuye luego de años de alto crecimiento.
Al suceder a Hans Dieter Poetsch, que ascendió al puesto de presidente, Witter asumió como director financiero dos semanas después de que las autoridades estadounidenses revelaron que la empresa había manipulado las pruebas de emisiones con un dispositivo llamado de desactivación, que se instaló en no menos de 11 millones de autos diesel en el mundo. El escándalo estalló justo cuando VW estaba a punto de destronar a Toyota como el fabricante que más autos vende en el mundo después de casi una década construyendo un imperio mediante adquisiciones y un fuerte foco puesto en el crecimiento agresivo de las ventas.
En Europa, VW recibe cada vez más presiones de grupos de consumidores y de la Unión Europea para ofrecer una indemnización a los 8,5 millones de clientes de la región que compraron autos con los motores adulterados. Witter rechazó exhortaciones de pagos similares a los que acordó en su convenio por $15 mil millones con el gobierno estadounidense, diciendo que resolver el problema en Europa es más fácil y que los clientes en su mercado natal no enfrentan la misma caída en el valor de sus autos.
Más allá de las quejas de los consumidores, gran parte de la recuperación de VW del escándalo dependerá de que las diferentes facciones en la empresa se pongan de acuerdo respecto del rumbo futuro.
“No hay nada bueno en este problema del diesel”, dijo. “Pero si esta crisis tuvo un efecto secundario positivo, es que ahora la estamos usando como catalizador del cambio a largo plazo”.


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