Tomas Nassar

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Jueves 10 Enero, 2008

Vericuetos

Tomás Nassar

Lamenté mucho no haber podido acompañarle en el homenaje que le ofreció la Cámara Nacional de Armadores y Agentes de Vapores (NAVE) en el marco de la celebración de su 40 aniversario, el pasado mes de diciembre.
Esos avatares del trabajo nos impiden muchas veces el goce de gratos momentos, como en este caso, el de poder abrazar a un amigo muy querido y expresarle cuanto respeto y afecto le profesamos.
Tuve la dicha de conocerle cuando trabajaba en el MOPT, siendo apenas estudiante de la Facultad de Derecho, y él representaba la figura que todos, a los 20 años, queremos emular. Era el presidente de NAVE y de Colina & Compañía, que en ese entonces fungía como Agente General de Sea Land, empresa que revolucionó el transporte marítimo mundial al introducir la tecnología del transporte por contenedor. Para mí, el joven que daba sus primeros pasos en el intrincado mundo naviero, don Francisco fue consejero, amigo, ejemplo y maestro.
Era la época en que Codesa, de no muy grata memoria para muchos, incursionaba en el fletamento de buques alentada por la filosofía intervencionista de las leyes de reserva de carga, navieras públicas y regulación de fletes que promovían algunos desde organismos como CEPAL y UNCTAD y que nos embarcaron en experiencias fallidas como Namucar y Flemar.
Don Francisco Colina Campollo, chapín, vino a Costa Rica en 1943, hace ya 65 años, para trabajar en Agencias Unidas, en el campo de la representación de líneas navieras. Antes había servido en la Royal Canadian Air Force, durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, destacado en un puesto que, no por lejos de Europa era menos importante. Fue miembro de la Patrulla Antisubmarina para proteger los intereses de los aliados en el Caribe, desde Belice, un escenario del que poco se habla pero que tuvo una relevancia trascendental en el conflicto.
El evento de NAVE fue ocasión propicia para reconocer que don Francisco pertenece a una estirpe de hombres irrepetibles, de aquellos que destacan por su virtud y su acrisolada integridad.
Trabajador insigne, comprometido hasta la intransigencia y el extremismo con la honestidad en todas las facetas de su vida, hombre de honor, de espíritu solidario y generoso, Paco Colina representa toda una vida de corrección, de esas que viven los que pertenecen a hombres de otra casta, de esos que vinieron a Costa Rica a dejar huellas indelebles, huellas de bien.
Es un esfuerzo enorme caracterizarle con pocas palabras y una falta a la justicia omitir menciones acerca de él, aún a riesgo de incurrir en cursilería. Francisco Colina Campollo: trabajador incansable, ferviente estudioso, padre incondicional, jefe generoso, amigo leal y abundante en el afecto, la comprensión, el tiempo, la palabra y la mano extendida. Firme en sus principios y sus creencias, producto de la reflexión, el estudio y el buen entendimiento. Puntilloso. Capaz de discernir con serenidad, defender con pasión, discutir con hidalguía.
Mi amigo muy querido, hombre irrepetible, el mayor y mejor homenaje que te podemos ofrecer a quienes la vida ha concedido la bendición de conocerte, es nuestro enorme respeto y más grande afecto.
Que la vida nos dé muchos más como él. Dios te guarde por muchos años más con nosotros querido don Paco.