Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 15 Abril, 2015

Las indefiniciones del sector (Ciencia y Tecnología y Telecomunicaciones) venían dándose desde el segundo tiempo de la Administración 2010-2014


Hablando Claro
Urgen dos notables


Como es de dominio público no tenemos ministro/a de Ciencia y Tecnología y tampoco viceministro/a de Telecomunicaciones.
Lo que no sabíamos justamente porque no era un hecho público y ahora da paso a una serie de preocupantes luces de alerta, era que existía un abismo de distancia e incomunicación entre la exministra Kooper y el exviceministro Ruiz que condujo no solo al desastroso manejo de un inaceptable borrador de anteproyecto para la nueva ley de radio (de extrañísima carencia de paternidad) sino también a una indefinición de casi todos los pendientes de esa cartera.
Es decir, tras cuernos palos. Resulta, según comentan los líderes de las cámaras de Tecnología, Información, Comunicación y Telecomunicaciones, que el asunto no era nuevo; pero se terminó de complicar: Las indefiniciones del sector venían dándose desde el segundo tiempo de la Administración 2010-2014.
Hablamos de asuntos de muchísima importancia para el devenir de un sector tan dinámico y determinante del desarrollo nacional no solo porque aporta al PIB ¢540 mil millones al año, sino porque tienen una implicación directa con políticas públicas de educación y combate a la pobreza.
Es sorprendente pero el país no cuenta con un Plan Nacional de Telecomunicaciones actualizado. Y el Plan Nacional de Atribución de Frecuencias, cuyas reformas para permitir un uso más eficiente del espectro y dar paso a tecnologías de última generación, también están pendientes de aprobación desde la administración pasada, lo mismo que la definición respecto de qué hacer con 70 Mhz que están absurdamente ociosos. ¿Desidia, indefinición, negligencia, intereses?
También andamos manga por hombro con el sensible asunto de televisión digital que aun cuando la Contraloría advirtió desde 2012 que requería urgente reglamentación, no ha caminado. Y el apagón analógico encima.
Es decir, tenía que ocurrir un escándalo nacional para cobrar conciencia de que tareas sustantivas de telecomunicaciones estaban al garete.
Los conocedores de la materia aseguran que ha faltado compromiso y visión gubernamental para darles peso y eficacia a las decisiones del sector. También admiten que ha sobrado celo y desconfianza a todo lo que huela a negocio. Aunque sea a un buen negocio para el país.
Y claro, en medio de esta babel, resulta que ahora no solo se queda Telecomunicaciones, sin viceministro ni ministra rectora, sino que además los cuatro directores de la dependencia terminan sus contratos el 30 de abril y existe una enorme preocupación de que se tomen esas plazas de salarios muy atractivos (forman parte de un régimen de excepción) para festinarlas políticamente como ya se pretendió hacer en el pasado.
Yo entendí que el Presidente no ocupa consejo. Lo mío es una petición: que busque con denuedo dos notables que se entiendan para que ocupen el Ministerio y el Viceministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones.
Es realmente urgente.

Vilma Ibarra