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Domingo, 9 de agosto de 2020



COLUMNISTAS


¡Unidad de propósito nacional!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 21 diciembre, 2018


Un país no sobrevive a sus crisis si no es en unidad interna y propósitos comunes claros y definidos.

Un país sin unidad de propósitos y sin un futuro claro, definido este como la comunidad en la que se desea transformar en unos años, dará bandazos, y careciendo de solución satisfactoria a todos los grupos y componentes sociales se desplazará de izquierda a derecha y de derecha a izquierda sin concierto alguno. En ese marco un mesías político populista aparecerá en el horizonte. Esto acabaría con la democracia y despeñaría al país en el caos.

Enfrenta Costa Rica falta de liderazgo. Enfrenta también la ausencia de partidos políticos que lo sean en verdad y no tan solo agrupaciones electorales de oportunidad. Costa Rica está ayuna de planes estratégicos a futuro que definan para todos nosotros el tipo de sociedad que deseamos ser, el tipo de estructura política que debemos adoptar para lograr ser la sociedad deseada y el modelo de desarrollo congruente con la sociedad que deseamos construir.

“Para quien no sabe hacia dónde se dirige todos los caminos son buenos”… Esta máxima contenida en el cuento victoriano “Alicia en el país de las maravillas” deberían tenerla presentes quienes viven en este país y buscan dirigencia y liderazgo. Es que si los costarricenses no sabemos hacia dónde nos dirigimos, tampoco podremos elegir a los diputados a la Asamblea Legislativa adecuados ni escoger a nuestro presidente de entre el montón.

Si nosotros mismos no sabemos qué país deseamos construir, si nosotros mismos votamos por cualquiera y luego lo criticamos desde el primer día de su gobierno, nadie logrará satisfacernos y persona alguna gobernarnos. Esta idiosincrasia nos llevará elección tras elección a escoger lo que no necesitamos y a destrozar la institucionalidad echando culpas y responsabilidad a quien escogimos por no tener las destrezas que habríamos deseado que ostentara. Elegir por destrezas al futuro presidente y a los diputados es lo sensato. Elegirlo por simpatías y vacilón para luego exigirle destrezas, habilidades y preparación que no tiene y que nunca mostró es el error de los electores que podría acabar con el país.

¿Qué país deseamos construir? ¿Qué país deseamos que sea Costa Rica en diez o 20 años? ¿Quién está hablando de ello? ¿Quién está mostrando el camino y nuestra ruta? ¿Si no sabemos qué Costa Rica queremos, cómo vamos a definir nuestro modelo de desarrollo? ¿Si no sabemos qué país deseamos, qué modelo de desarrollo queremos para construir esa sociedad, cómo vamos a definir qué tipo de gobierno, qué tamaño de gobierno, qué funciones de administración, qué costo por esa estructura estamos dispuestos a pagar?

Ni los políticos hablan del futuro del país, de la sociedad que deberíamos construir ni nos venden su visión porque no la tienen. Los partidos están constelados de personas que siendo aspirantes a diputados apenas alcanzan a tener las destrezas e ideas propias de los miembros de un Concejo Municipal. Los partidos parecen carecer hoy como otrora tuvieron cuadros de estudio, planes a futuro, visiones de país y su concepto de la evolución de la democracia en este siglo XXI. ¿Pueden ustedes definir o describir el proyecto político de tres de los partidos representados en la Asamblea Legislativa?

¿Qué país queremos? ¿Cómo vamos a lograr la transformación? ¿Queremos más mercado o queremos más regulación? ¿Queremos más Estado o queremos más libertad de emprender?

¿Qué país deseamos a futuro? ¿Con una Asamblea Legislativa mejor conformada? ¿Con elección directa de los diputados por distrito electoral, por nombre y apellido y con la posibilidad de revocatoria de mandato para que los malos no estorben cuatro años y pueda el elector enmendar una elección indeseable? Tenemos que definirnos. Tenemos que escoger. Pero los candidatos a la presidencia y a las diputaciones siguen como la orquesta en el vapor Titanic mientras naufragaba, repartiendo guaro y almuerzos, con cimarrona y vacilón pero no dibujando la ruta por dónde el país habrá de caminar y de tener éxito para todos. Una sociedad que no es exitosa para todos es un fracaso.

La moda ahora es decir que los trabajadores públicos son una desgracia por vagos, caros, inservibles y estorbosos y que los empresarios son lo peor, explotadores, defraudadores y corruptos. Esta moda nos divide, no forma el espíritu de cuerpo para que en el país se logre la justicia social, el cierre de las brechas de ingreso, una democracia efectiva, empresarialismo y nunca proletarización social. Tan indispensables son los empresarios como los trabajadores públicos que manejan los asuntos comunes.

El acusar mutuamente la desgracia que es uno y otro sector cuando el futuro del país descansa en la unidad de propósito, la ejecución de las reformas que son necesarias para que ambos logren sus objetivos, esa acusación cansina nos lleva al despeñadero sin duda alguna. “Ni todos los trabajadores son la peste, ni todos los empresarios son la muerte”, tenemos que aprender a vivir con tolerancia y comprender la complementariedad de cada uno de estos sectores.

La política nacional debe cambiar. Requerimos mejores actores, mejores sistemas de escogencia de candidatos y de elección. Requiere Costa Rica una planeación estratégica de estado. Es imperativo el abandono del amiguismo, del populismo, de la eliminación de la designación de pegabanderas en agradecimiento por su ayuda electoral. Costa Rica requiere más seriedad y necesita de sus mejores hijos.




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