Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 22 Abril, 2016


Desde mi óptica, la reelección es válida (una sola vez), siempre y cuando se gane limpiamente en otro proceso electoral

Una rectoría diferente en la UCR

Hoy viernes la Universidad de Costa Rica celebra otro histórico proceso electoral, en el cual elegirá a quien ocupará la rectoría de la institución, su principal puesto de representación ejecutiva. No es necesario de ninguna forma aclarar la trascendencia y peso que tienen esta decisión y el puesto de ser rector de la mejor universidad de Centroamérica y el Caribe.
Los candidatos: el Dr. Henning Jensen Pennington, el actual rector, busca la reelección; al tiempo que el opositor, el Dr. José Ángel Vargas Vargas busca llevar a la U por rumbos distintos. Lo primero que es digno de aplaudir es que, al menos de la historia reciente la U, es la primera vez que el rector en funciones que busca la reelección no tiene el camino libre. En otras ocasiones, cuando el rector terminaba su primer periodo, normalmente enfrentaba una elección de mero trámite contra nadie, como una señal de que podía continuar cuatro años de rectoría adicionales sin mucha revisión ni debate.


Esta vez, enhorabuena, hay oposición. Desde mi óptica, la reelección es válida (una sola vez), siempre y cuando se gane limpiamente en otro proceso electoral. No como algo automático. Esto genera que efectivamente haya un proceso de reflexión y debate sobre los cuatro años transcurridos, y si efectivamente la gente está convencida, votará nuevamente por otros cuatro años.
Sin embargo, poco más hay que aplaudir sobre el proceso en sí mismo, el cual ha sido frío y distante, precisamente por la misma normativa y los órganos encargados de inyectarle vida a una elección tan importante. Por un lado, tenemos una normativa universitaria en materia electoral rígida, tiesa y diseñada para arrancarle la energía al proceso. Es tiempo de que el Consejo Universitario la revise a profundidad. Y por otro lado, un Tribunal Electoral que merece calificativos similares, además del exceso de burocratización e inflexibilidad para tantas ideas creativas y cuestiones prácticas que deberían involucrar las elecciones. Ahí quedan retos enormes de lo que debería ser un órgano de fiscalización electoral: facilitador y no obstaculizante.
También, la indiferencia y falta de involucramiento de las personas que efectivamente estamos convocadas a votar: docentes en propiedad y representantes estudiantiles; hacen de este un proceso más apagado de lo que debería ser. Ya de por sí son pocos los espacios de debate habilitados a los que uno puede acceder, son cerrados para quienes no tienen derecho a voto y con formatos a menudo muy rígidos. Encima de ello la asistencia tanto de docentes como de estudiantes es baja, así como el interés. Otro tema para la reflexión y autocrítica como universitarios.
Desde mi perspectiva, la UCR necesita un aire nuevo desde sus autoridades. El rumbo que ha tomado la rectoría, de puertas cerradas, de falta de involucramiento, de abandono de temas más sociales, y la cultura de regalar edificios para facultades a cambio de votos, claramente no puede seguir. Y en particular, sobre las políticas de vida estudiantil, preocupan la incapacidad para resolver problemáticas, al igual que el rumbo por el que la llevan en temas fundamentales como matrícula, créditos, becas y admisión.
Tenemos un reto enorme al frente como universitarios: darle el visto bueno a cuatro años más de continuidad, o darle un nuevo aire a la rectoría de la UCR. Tanto docentes como estudiantes nos tenemos que tomar más en serio la tarea, y a la vez transformar las barreras que dificultan el alcance de este proceso.


Alejandro Madrigal