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Aunque desde inicios de este año ese tipo de negocio es ilegal, parece que se sigue haciendo debido a la falta de inspección adecuada y rigurosa


Un peligro más en las calles

El caso de la venta en el país de autos usados, comprados como chatarra en otras naciones donde han sido declarados como pérdida total, puede seguir trayendo graves consecuencias a quienes los compran y luego conducen, así como a inocentes terceros, víctimas de algún accidente debido a la falta de control sobre el asunto.
Aunque desde inicios de este año ese tipo de negocio es ilegal, parece que se sigue haciendo debido a la falta de inspección adecuada y rigurosa, como lo detalla una nota de este medio el miércoles anterior.
El ilícito se comete porque quien compra esa “chatarra” en otro país, la trae a Costa Rica y la pone en condiciones de que parezca un auto usado bien reparado, que puede circular en nuestras calles sin riesgos, no siendo así. El negocio, que debe ser muy lucrativo, debe ser perseguido por ilegal.
Sin embargo, no es el primer caso, como sabemos, de leyes que se aprueban en este país aunque luego nadie vigila su cumplimiento ni sienta las correspondientes responsabilidades por un eventual incumplimiento.
Por el contrario, es este un serio mal que padece el país, sin que se haga nada por remediarlo.
De poco nos sirve el tiempo empleado por nuestros legisladores para aprobar una ley, si la misma no viene acompañada de la sanción por incumplimiento y del claro señalamiento de quién es la entidad a quien corresponderá velar por ello.
Costa Rica, que tanto hace por estar entre los países aspirantes a la condición de emergentes, y que busca muchas formas e invierte mucho dinero en exhibir una imagen positiva en el exterior, no puede permitirse que existan este tipo de “negocios” que ponen en riesgo no solo a los nacionales sino a cualquier otra persona que circule por nuestras calles o carreteras.
El hecho, por otro lado, se constituye en una competencia desleal para las empresas que venden autos usados, pero en buenas condiciones.
Debemos necesariamente revisar todas estas leyes que se quedan en el papel y no se cumplen, detectar las causas de la falta de control y encontrar soluciones viables para que esto no siga ocurriendo.
Fácil no es la tarea, desde luego, pero los gobernantes o quienes aspiran a serlo, saben que esa es o será parte de sus funciones.
 

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