Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 30 Diciembre, 2013

Si pasado el 31 de diciembre continuamos siendo los mismos, con nuestros miedos y vanidades… tal parece que entonces no hay nada nuevo en nuestras vidas


Desde Moncho

¿Un año nuevo?

Nuevo: el DRAE, tiene varias acepciones, “recién hecho fabricado”, “que se ve o se oye por primera vez”, esta, está buena, “repetido o reiterado para renovarlo”, “distinto o diferente de lo que antes había o se había aprendido”, “que sobreviene o se añade a algo que había antes”…
¿Bien como decimos año nuevo, si ni es recién fabricado, tampoco es la primera vez que lo escuchamos, ni será tan distinto a lo que había? Aunque podría ser repetido para renovarlo, o se añada algo a lo que había antes.
Si pasado el 31 de diciembre continuamos siendo los mismos, con nuestros miedos y vanidades… tal parece que entonces no hay nada nuevo en nuestras vidas. Si continuamos escépticos frente a la realidad, mezquinos frente a los logros de otros, incapaces de reconocer el aporte o talento de los demás, si no nos desprendemos de algo de lo que tenemos, para compartir con los menos afortunados, si continuamos enfrascados en culpar a los demás, de lo que dejamos de hacer nosotros… entonces ¿qué de nuevo tiene el 2014?
¿Tendremos tanto miedo de reconocer nuestras limitaciones producto de la socialización, que llenamos el cuerpo de licor o de cualquier otro agente suicida en vez de buscar la quietud del espíritu?
Un fariseo importante, llamado Nicodemo, llegó de noche a la tienda del joven carpintero que tenía asustado a todo el sistema religioso, a preguntar: has dicho que hay que nacer de nuevo, y cómo se hará eso, si estando uno viejo no puede entrar al vientre de su madre de nuevo. Respondió el Carpintero, “Hay que nacer de nuevo, del agua y del espíritu”.


Ahí donde está el secreto de lo nuevo, nacer de nuevo siendo jóvenes o adultos o viejos, es posible si hacemos ese cambio profundo, interno, que nos llevará a renovar nuestras vidas.
La Gran Revolución de la humanidad no pasa por ideologías nuevas o viejas recicladas, por discursos contra el sistema o a favor de él. No ocurrirá porque nuestra indignación es mayúscula. Solo acontecerá si usted y yo decidimos ser mujeres y hombres nuevos.
El paso parece doloroso, porque es desprenderse de esta piel, esta coraza que hemos fabricado para sobrevivir en un mundo de apariencias, de vanidades, de egos, de esnobismo, poses intelectuales, materialistas o desenfadadas.
Pero no lo es. Abandonarnos a nuestros más íntimos deseos de serenidad, paz, armonía con los demás, incluidas las que llamamos especies menores, solo significará que hemos iniciado la verdadera revolución.
No esperemos a un líder mesiánico que resuelva nuestros problemas, no podrá logarlo y eso nos traerá más frustración… ¡el cambio es interior, no hay más!
Y el joven Carpintero agregó: “No te extrañe que te diga, Todos tienen que nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de a donde viene, ni a donde va. Así son también los que nacen del Espíritu”.

Iris Zamora