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Tinoco y Martén, ¡qué ministros!

Alvaro Madrigal [email protected] | Jueves 02 abril, 2009


De cal y de arena
Tinoco y Martén, ¡qué ministros!

Alvaro Madrigal

En el legado histórico de Calderón Guardia, hablar de la reforma social que puso al país en el camino del Estado Social de Derecho sin traer al recuento la creación de la Universidad de Costa Rica, es como rememorar a Albert Einstein sin citar su teoría de la relatividad. Igual sucede con José Figueres: para aquilatar sus máximos aportes institucionales hay que traer a la memoria la abolición del ejército y la nacionalización de los depósitos bancarios. Lo que aportó Ricardo Jiménez Oreamuno a la construcción de la democracia costarricense, llegó a tener como complementos fundamentales para su consolidación las marcas sobresalientes del legado de Calderón Guardia y de Figueres Ferrer: la reforma social, la creación de la Universidad de Costa Rica, la nacionalización bancaria y la abolición del ejército. Hay dos señeras figuras tras dos de estas hondas transformaciones políticas y sociales, a las cuales se ha querido hacer justicia confiriéndoles el máximo de los honores, el Benemeritazgo de la Patria. Su nombre ha quedado grabado en granito duro para siempre, como corresponde dada la trascendencia de la creación de la Universidad de Costa Rica y la nacionalización bancaria.

Luis Demetrio Tinoco Castro, secretario de Estado en el Despacho de Educación Pública, aceptó la distinción del presidente electo, Rafael Angel Calderón Guardia, luego de que este acogiera con entusiasta convicción el proyecto de creación de la Universidad, monumental iniciativa por lo que ha representado para el desarrollo social, económico y cultural del país. Espero que ante los sobrados méritos que median, la Asamblea Legislativa le otorgue el benemeritazgo no más los plazos reglamentarios se lo permitan.

Alberto Martén Chavarría, eximio hijo de Costa Rica también, llena las páginas de su vida con una envidiable sumatoria de servicios. Abogado y economista, catedrático y literario, político a la fuerza (franco y directo en su palabra, quien llegó a ser el segundo hombre en importancia en el Ejército de Liberación Nacional evitó las fangosas aguas de la política) y constructor de transformaciones económicas y sociales, sobresale como ideólogo de la nacionalización de los depósitos bancarios y como padre del solidarismo, esa iniciativa que ha reunido a patronos y trabajadores en un esfuerzo de capitalización económica de interesantes resultados. Ahora que se le ha conferido el benemeritazgo a don Alberto, en muchos laudatorios se resalta el Solidarismo. Para mí, de mayor trascendencia fue la nacionalización bancaria sin la cual no hubiera sido posible la consolidación de la democracia económica, el asentamiento de la reforma social de Calderón Guardia y la expansión de la clase media. Más aún, la diversificación de la participación patrimonial en las empresas —y por ahí el ascenso del sector asalariado vía Solidarismo a las sociedades mercantiles y cooperativas— tiene vasos comunicantes con la creación del monopolio de los depósitos bancarios. ¿Qué hubiera sido de la economía nacional si no se democratiza el acceso al crédito bancario y no se revolucionan los criterios de su administración? Para mí esta valerosa decisión política inspirada por Martén y avalada por Figueres, es el más trascendental legado de don Alberto a Costa Rica, su Patria. ¡Gracias Señor!

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