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Tiempo de Cannabis

Marilyn Batista Márquez mbatista@batistacom.com | Miércoles 30 diciembre, 2020


Durante el periodo de debate del proyecto de Ley 21.388, Ley de Producción de Cannabis y Cáñamo para Fines Medicinales, estuve fuera del país, pero me mantuve informada sobre los resultados de la contienda. Como es de conocimiento público, el proyecto fue dictaminado afirmativamente por la Comisión de Ambiente, sin embargo, el Gobierno de la República manifestó su rechazo parcial ”por razones de seguridad y salud pública”.

Mientras que en Costa Rica, por argumentos y deducciones que considero responden más tabúes y prejuicios, el Poder Ejecutivo no considera oportuno en el entorno actual la legalización ni comercialización del cultivo del Cannabis, en enero de 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer seis recomendaciones relacionadas con esta planta y la retiró de los tratados de control de drogas de la ONU.

Estando fuera del país me di cuenta de que a mi alrededor hay personas que conozco que utilizan cannabis como tratamiento antidepresivo, antiestrés, dolores crónicos y epilepsia, entre otros. Dejaron a un lado los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), para darle paso al consumo diario de varias gotas o gomitas de cannabis de grado médico, compradas en un establecimiento comercial certificado por el Estado, que tiene control de calidad y cuya producción estandarizada cumple con las normas internacionales para medicamentos herbales.

Las personas que conozco que consumen Cannabis (CBD) están muy distante del modelo sociocultural que se acerca al estereotipo de “mariguano”, Rastafari, con cabello de rastas o dreadlocks. Tampoco tienen sus cuerpos llenos de tatuajes con figuras demoniacas, ni consumen drogas ilícitas como cocaína y crack para “elevar la nota”. Son personas que rompieron con la adicción “aceptada” de las píldoras antidepresivas y analgésicos. Dos amas de casas, un empresario, un chef, un trabajador de la construcción, todos con familia y ciudadanos honorables. Recalco la palabra “honorable” porque este adjetivo no tiene nada que ver con la condición mental o física de un ser humano que mejoró su calidad de vida a través del uso de un medicamente proscrito por la elite social y política de un país, además condenado por la masa ignorante que replica las acciones discriminatorias de sus líderes.

Cuántas personas de esta élite son alcohólicos y se les tolera, y hasta acepta su fuerte necesidad y ansiedad de ingerir alcohol, a sabiendas de que genera una dependencia física y psicológica e implica serias disfunciones orgánicas y sociales, pero como actúan dentro de la legalidad, comprando y consumiendo el alcohol abiertamente en cualquier lugar, no son vistos como adictos, ni delincuentes, ni mucho menos escoria social.

No apoyo ningún tipo de adicción (salvo la de chocolates, que liberan la encefalina y me encantan), porque en esencia se convierte en una enfermedad que se caracteriza por la búsqueda patológica de la recompensa o alivio a través del uso de una sustancia, pero cuando el consumo no es recreativo y sí medicado, defiendo totalmente el tratamiento más natural, con menos efectos secundarios y menos invasivo, como lo es el CBD. Cabe destacar también, que no se ha registrado en la historia médica ningún caso de sobredosis de Cannabis, pero sí de los medicamentos que se recetan para lograr resultados similares a los de esta planta.

La OMS ha aceptado que el Cannabis ha asumido un papel destacado en las terapias de bienestar en los últimos años y ha provocado una industria de miles de millones de dólares, especialmente en pequeños y medianos productores, muy distante de las grandes farmacéuticas cuyas ganancias las disfrutan unos pocos. Congruente con esta posición, aplaudo que en Costa Rica se regule y permita el acceso y la utilización del cannabis y sus derivados exclusivamente para uso medicinal y terapéutico, a fin de garantizar el derecho fundamental a la salud de toda la población costarricense. Es tiempo de Cannabis, no de Clonazepan, Fluoxetine, Citalopram, Oxicodona, etc.

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