Nuria Marín

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Lunes 22 Diciembre, 2008

Creciendo [email protected]
Tesoros navideños

Nuria Marín

¡Faltan tan solo dos días para el 24! Mis recuerdos de niña van de la mano con la interminable cuenta regresiva de diciembre, época en la que cada minuto es un año y cada día parece un siglo. Tiempo de inocencia e ilusiones en donde la magia, era acompañada de una explosión de olores, sabores y tradiciones.
Libres del año escolar podíamos saborear cada detalle del proceso. La escogencia del árbol, decoración de la casa, junto a los primos y en una “perfecta línea industrial” contribuir en la preparación de los tamales, ensayos para la velada de villancicos, y uno que otro año para una casera obra teatral, no sin dejar de mencionar la especial jornada de iluminación del árbol del Hospital de Niños y los paseos nocturnos por la avenida central.
Sin lugar a dudas cada familia tiene su manera particular de celebrar las fiestas, en la cual no hay recetas únicas ni fórmulas ganadoras. Lo que las hace realmente especiales es la construcción colectiva en la que todos y cada uno, pequeños y grandes, contribuimos con nuestra particular manera de expresar el más poderoso de los ingredientes, el amor.
Cada celebración tiene su sello especial conforme navegamos por la vida. Las ilusiones de niños se tornan en juveniles vivencias muchas veces en compañía de esos primeros amores. Inolvidables son las primeras Navidades en la novel vida matrimonial, y resulta imposible tan siquiera empezar a describir la ilusión y el especial significado que toman estas fechas con la llegada de nuestros hijos. En las vivencias de mis padres y amistades aprecio la maravillosa experiencia de renovación familiar que significan los nietos.
Como todo en la vida, estas épocas tienen sus particulares espejismos, retos y demandas a los que muchas veces agregamos incluso voluntariamente absurdos detalles y complejidades que nada agregan y sí complican, lo que nos puede facilitar perder de vista lo verdaderamente esencial.
Otras veces tendemos a caer en el error de creer que el tiempo no pasa en vano y que nuestros familiares y amigos nos acompañarán por muchos años, cuando la realidad es que la vida es dadivosa en bendiciones y relaciones pero por naturaleza efímera, condición que nos es difícil de recordar.
En estos días, es fácil dejarse llevar por presiones consumistas y esfuerzos inocuos, en la búsqueda del mejor regalo o la fiesta “perfecta” para nuestros seres queridos y familiares perdiendo muchas veces de vista que lo más preciado es nuestro tiempo, presencia y el sincero interés de compartir.
Al final, los verdaderos tesoros navideños son todos aquellos recuerdos y experiencias de amor vividas, los olores, sabores y tradiciones compartidas con nuestros hijos, padres, abuelos, tíos, primos y amigos, vivencias que nos acompañarán siempre y que nos servirán de dulce consuelo cuando algunos de ellos hayan partido.
A todos mis queridos lectores les deseo unas muy felices fiestas, plenas en salud, amor y amistad.