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Domingo, 15 de septiembre de 2019



COLUMNISTAS


¿Tenemos una agenda energética desconectada de las necesidades económicas y sociales del país? (III)

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 26 agosto, 2019


En las columnas anteriores analicé dos de los elementos claves que contribuyen a desconectar la agenda energética del país de las crecientes necesidades y exigencias nacionales e internacionales que son necesarias para poder prosperar en un mundo cada vez más competitivo:


• La ausencia de prioridad y de interés sobre el desarrollo de fuentes de energía de bajo costo, que son esenciales hoy en día en la competencia mundial para potenciar el desarrollo económico y social dentro de este entorno.

• La fijación de los precios de la energía con base en el “principio del servicio al costo” que termina convirtiéndose en un “principio de servicio a cualquier costo”.


La falta de competencia que existe en el país entre las diversas fuentes de energía es otro factor clave adicional que desconecta la agenda energética de las necesidades económicas y sociales del país y de la realidad internacional.

La competencia efectiva y regulada entre las fuentes de energía por entrar al mercado y en el mercado (con reglas claramente definidas) es otro de los elementos fundamentales que le aseguran a un país que su matriz energética evolucione rápida y constantemente hacia las mejores fuentes (bajo costo, alta calidad, menores emisiones, etc.) que van surgiendo con el tiempo como consecuencia de los permanentes adelantos tecnológicos que están ocurriendo y que se acrecentarán en el futuro.

Como lo he señalado en otras columnas, los estudios internacionales son muy claros y contundentes en señalar que, en el nuevo normal energético que está emergiendo en el mundo, existe “una creciente competencia entre las diferentes fuentes de energía” y que, como consecuencia de lo anterior, “la matriz energética prevista para el 2040 será la más diversificada jamás vista”.

La competencia entre las fuentes de energía es uno de los factores clave que les permite a los países exitosos mantener continuamente los precios nacionales de la energía a los niveles internacionalmente competitivos.

Los continuos adelantos tecnológicos son uno de los elementos importantes que están aumentando la competencia entre las fuentes actuales de energía y las nuevas que están emergiendo, lo que conduce a un desplazamiento progresivo de las fuentes viejas por las fuentes nuevas.

Este desplazamiento competitivo de las fuentes de energía anteriores por las nuevas conduce, entre muchas otras cosas, a reducir continuamente los costos de la energía y las emisiones al ambiente en los países.

Se trata de una competencia mundial tecnológica entre muchas tecnologías que tienen continuamente impactos en la evolución energética y económica mundial.

Esta competencia entre las fuentes de energía se está acelerando en un entorno mundial cada vez más competitivo. Entre otras estudios, la prestigiosa firma internacional de consultoría Bain & Company señaló lo siguiente en un estudio publicado en marzo del presente año y titulado “Managing the Energy Transition: Three Scenarios for Planning”:


• “Una nueva era de híper competitividad redefinirá los límites del negocio (energético) y amenaza con dejar varados los activos del pasado”.


• “En la era de la híper competitividad, las compañías energéticas se enfrentarán a competidores no tradicionales a medida que los nuevos modelos de participación en el sector aprovechen las oportunidades de integración vertical y horizontal dentro y a través de las cadenas de valor de la energía para crear ventajas competitivas sostenibles”.


Pero en Costa Rica se actúa como si nada de lo anterior estuviera ocurriendo en el mundo y como si no nos afectara económica y socialmente.

Aquí no hay competencia entre las viejas y las nuevas fuentes de energía por entrar al mercado y en el mercado, y mucho menos híper competencia entre las fuentes de energía.

Uno de los muchos problemas en el país es que no se está dando una diversificación energética relevante y continua que conduzca a que las mejores fuentes de energía que surgen vayan aumentando progresivamente su participación en la matriz energética nacional y que las menos buenas y más caras vayan cediendo su participación en un proceso de evolución continua y discontinua de la matriz energética.

En Costa Rica, la evolución del desarrollo energético no la está definiendo la competencia entre las fuentes actuales y nuevas de energía, como está ocurriendo en el mundo.

Pequeños grupos dentro del Estado la está definiendo e imponiendo, a los cuales se les unen en diversos momentos algunos políticos que buscan “escoger” e imponer políticamente cuáles son las fuentes de energía que el país “necesita” y cuáles son las que debe “rechazar”, según su criterio personal y sin ningún respaldo técnico, económico y financiero que señale que ese es el mejor sistema de hacerlo.

Adicionalmente, las empresas energéticas del sector, que son las más amenazadas por los rápidos cambios tecnológicos, son las que se les encarga también “seleccionar” las nuevas fuentes de energía sin mediar ninguna competencia tecnológica.

La evidencia en el mundo y en el país demuestra que cuando esta situación se da, estas empresas van a retrasar al máximo la adopción de las nuevas tecnologías.

Actualmente esto se está dando en el país con los obstáculos impuestos por el Estado y sus instituciones a la adopción amplia de la energía solar y con la prohibición al desarrollo del gas natural nacional, que son casualmente las dos fuentes de energía líderes en mundo de la transición energética y de la reducción de los costos de la energía y de las emisiones al ambiente.

Esta es una de las razones por las cuales en Costa Rica tenemos precios de la energía superiores a los que existen en la mayoría de los países relevantes con los que competimos en el comercio internacional y en la atracción de inversión externa directa (IED).

Mientras el mundo avanza, cambia e invierte en las fuentes emergentes ganadoras de energía que compiten, por sus propios méritos (costos, calidad, menores emisiones, seguridad energética, etc.), en Costa Rica se está dando lo contrario. Tenemos un creciente populismo energético que está conduciendo al país hacia fuentes de energía que terminan siendo muy alejadas de las tendencias mundiales y muy caras o que terminan no implementándose por no ser factibles.

Costa Rica es el único país donde las autoridades creen, contrario a lo que está ocurriendo en los países exitosos del mundo, que lo mejor para impulsar la transición energética, la diversificación energética con fuentes de energía de bajo costo, la reducción de los costos de la energía y la reducción de las emisiones al ambiente es a través de los dogmas, el populismo y el control estatal férreo del desarrollo energético.

Mientras esto ocurre aquí, los países exitosos implementan una política energética y económica basada, entre otras cosas, en una competencia efectiva y regulada entre las fuentes de energía con reglas claramente definidas.

La realidad nacional muestra que, a pesar de la retórica energética existente, no solamente no estamos avanzando, sino que más bien vamos en sentido contrario. Los datos analizados en columnas anteriores así lo demuestran:


• El consumo nacional de derivados de petróleo importados sigue creciendo más rápidamente que el consumo de las fuentes renovables nacionales, donde adicionalmente pagamos de manera continua grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales a los países donde se produce y se refina las crecientes cantidades de petróleo que consumimos.


• Los precios de la energía renovable nacional siguen aumentando, especialmente la electricidad generada con fuentes renovables de energía.


• No se está dando ninguna transición relevante ni ninguna diversificación energética que introduzca permanentemente fuentes de energía de bajo costo que permitan reducir los costos energéticos, como está ocurriendo en el mundo.


• Las emisiones al ambiente del sector energético siguen creciendo aceleradamente.


Esta cruda realidad nacional es totalmente opuesta a lo que indican las promesas que hacen la retórica populista y los dogmas existentes en el país. En el pasado me he referido a estos temas, incluyendo las columnas siguientes: “Cuentos y realidades (I y II)” y “¿Por qué no se está descarbonizando la economía nacional? (I,II, III)”.

La falta de competencia en el país entre las diversas fuentes de energía, por entrar al mercado y en el mercado, y los obstáculos impuestos por el Estado para que ello ocurra es otro de los factores que desconectan la agenda energética nacional de las necesidades económicas y sociales y de las crecientes exigencias de competitividad que impone la realidad internacional, las cuales son necesarias para poder prosperar.











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