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Jueves 8 Febrero, 2018

Tenemos el país que merecemos

Después del circo político, es difícil muchas veces digerir los resultados y tratar de pensar qué nos deparará el futuro, no importa si el próximo presidente tiene un equipo con experiencia o son novatos o una mezcla de ambos. Si algo puedo resaltar en estas elecciones, que dicho sea de paso fueron mis primeras, es el detrimento de la política nacional, y después de escuchar un audio que circulaba por el WhatsApp, me di a la tarea de plasmar un poco las ideas que menciona el autor desconocido, que me sirvió de inspiración.

La culpa del detrimento de Costa Rica es de nosotros, sí nosotros. Pasamos de ser el tercer país del mundo en tener alumbrado eléctrico, a construir carreteras que duran 30 años en terminarse, pasamos de ser el país de la amabilidad y el “pura vida”, a pelearnos en las calles por un campo o un semáforo, pasamos de abolir la pena de muerte para defender el derecho a la vida en 1882, a negarles los derechos a las parejas del mismo sexo solamente por puro fanatismo religioso.

Nuestra indiferencia es perjudicial, nos jactamos de la “hora tica” (la impuntualidad) y pensamos que podemos irrespetar la ley, desafiando a la autoridad, tirando basura en vía pública inflando nuestro ego. No podemos nombrar ni diez diputados de la Asamblea Legislativa o a cuatro ministros del gabinete, pero sí podemos nombrar la alineación de la selección y refutar la línea de cinco en el fondo de Óscar Ramírez.

Ni siquiera podemos exigirles a nuestros diputados, ni al Presidente, porque no sabemos ni qué están haciendo, pero sí le exigimos a la selección y los presionamos para que lleguemos al mundial, y cuando logramos vamos a la Fuente de la Hispanidad a celebrar, como si fuera la mayor hazaña de los costarricenses.

Nuestra hipocresía es tan grande que nos gusta criticar, pero no nos gusta hacer o proponer soluciones, nos gusta relajarnos, que nadie nos mande, convertimos el tiempo de café en una hora de almuerzo, pero cuando nos zocan en nuestras labores, serruchamos pisos y deseamos el mal.

Exigimos carreteras de calidad, pero nos rehusamos a pagar peajes, queremos un servicio de salud público, ágil y eficiente, pero preferimos ser trabajadores independientes, nos enojamos con casos como la Trocha, Caja-Fischel, Alcatel, y el Cementazo, pero nuestra cólera y enojo dura tan solo una semana. Luchamos por una educación de calidad y con mayores recursos, pero no nos gusta leer y mucho menos hacer tareas.

Me pregunto qué pasó con aquellos grandes pensadores, visionarios y políticos, como don Mauro Fernández, Cleto González Víquez, Braulio Carrillo, Ricardo Jiménez, Braulio Carrillo, Tomás Guardia, Aniceto Esquivel, Bruno Carranza, entre muchos otros, que dejaron un legado tan grande a Costa Rica y hoy son ignorados, ahora lo que tenemos son políticos reciclados, que usan el fanatismo religioso, el oportunismo y populismo, con tal de ganar unos cuantos votos.

Qué pasó con la Suiza Centroamericana, aquel país que prosperaba en el lejano siglo XIX y comienzos del siglo XX, donde nada nos podía detener, con una educación de calidad, un saneamiento de la población de primer mundo, baja criminalidad y una democracia que se vivía a flor de piel, hoy todo esto queda solamente en los libros de historia, que cada día se llenan más de polvo.

Por lo que no podemos exigirles cada cuatro años a políticos que vienen con promesas vacías, que arreglen el país con una varita mágica, cuando nosotros tenemos gran parte de la culpa, nuestra indiferencia ha provocado este mismo deterioro del que tanto nos quejamos hoy en día.

Sebastián Trejos