Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 15 Diciembre, 2010


Hablando Claro
¡Subsista a la época!

Empezó la frenética cuenta regresiva para las fiestas de Nochebuena y Fin de Año. ¡A correr se ha dicho! En contra de las apacibles imágenes de los pasitos con los que representamos lo que se supone debería ser el objetivo primordial de la celebración del mundo cristiano, la vida se nos vuelve especialmente agitada en los días previos al 24. Entre compras, posadas, tamales, amigos invisibles, traguitos por aquí y despedidas por allá, graduaciones, cumpleaños y por supuesto la inminencia de cierre en la mayoría de los centros de trabajo, ¡aquello parece Troya! Y como la salud (física y emocional) resiente el estrés severamente, es mejor que nos detengamos a tiempo para recuperar la paz navideña.
A cuenta de canas (y claro, de mucho estrés) he ensayado mi propia “guía” para las próximas dos semanas. Tal vez a usted pueda resultarle de utilidad:
1.- Resulta imposible atender todas las invitaciones por mucho que uno quiera. Por lo tanto, una de las primeras cosas que debemos hacer es decidir realmente dónde y con quiénes queremos compartir nuestro limitado tiempo. Agradezca eso sí todas las demás invitaciones y no caiga en la tentación tica de decir que “sí, claro, que hará hasta lo imposible”, cuando de antemano sabe que no irá. Decline con toda cortesía. Haga un esfuerzo por ser agradecido y considerado.
2.- Si decide ir de compras recuerde que no puede hornear queques o hacer la primera tanda de tamales el mismo día. Una forma terrible de complicarnos la existencia en Navidad es precisamente esa: querer hacer de todo en jornadas maratónicas que resultan extenuantes y hasta frustrantes.
3.- Sin duda, las compras pueden constituir el principal motivo de estrés. Si a estas alturas usted es de esos a los que les falta terminar las compras, le recomiendo que no se espere, como otro millón de congéneres, para ir de tiendas el sábado o el domingo. Saque una mañana o si es del caso un día entero de vacaciones (no crea que la empresa se vendrá al suelo sin su determinante presencia) y váyase, lista en mano, a buscar los obsequios. Y recuerde que los presentes son eso: objetos que se presentan como ofrendas a los amigos y seres queridos y que por tanto deben comprarse pensando en las características y gustos de cada persona. No sea usted de esos que regalan un perfume a una amiga que es alérgica o unos chocolates a un amigo diabético y que al ver su “presente” hacen una mueca de alegría y expresan su agradecimiento forzadamente, mientras están pensando a quién le endosarán un regalo inservible.
La Navidad es la mejor época del año. Aprovéchela. Disfrútela con las personas que en este periodo han sido importantes en su vida, que le ayudaron a crecer como ser humano y le prodigaron atención y afecto. La Navidad no es un compromiso. Es toda una celebración; un ritual humano de profundo significado. Disfrútela. No la sufra.

Vilma Ibarra