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Sábado 15 Marzo, 2014

Sobre el referéndum en Crimea

Una elección no es una elección cuando se hace con una pistola apuntándote a la cabeza.
Aun así, el domingo, al pueblo de Crimea se le pedirá que haga una elección imposible: votar por ser subyugado por Rusia; o votar por la independencia —sin ninguna garantía de que Rusia mostrará más respeto por la soberanía de una Crimea independiente del que mostró por la integridad territorial de una Ucrania independiente.
Las posibilidades están claramente a favor de Rusia —como cuando se lanza una moneda al aire. Cara, Rusia gana. Sello, Crimea pierde.
La votación —cualquiera sea el resultado— es tanto ilegal como inconstitucional: no puede existir ninguna duda al respecto. Los términos de la constitución de Ucrania son inequívocos: la votación solo puede ser convocada a solicitud de 3 millones de ciudadanos; tiene que ser un referéndum en el que puedan participar todos los ucranianos; y solo puede ser convocado por el Parlamento Ucraniano. No se ha cumplido con ninguna de estas condiciones.
La votación será ilegítima. ¿Cómo puede ser una cédula sostenida a la sombra de la presencia de tropas rusas armadas, en una región bajo ocupación militar, otra cosa?
Estas cuestiones deberían ser resueltas en un referéndum libre y justo —como el que veremos en Escocia más adelante este año. Pero el referéndum del domingo en Crimea no será ni libre ni justo.
Durante las dos últimas décadas, hemos intentado dejar atrás la tensión y la desconfianza de la Guerra Fría: de reconocer la poderosa y positiva contribución que Rusia hace a la comunidad internacional —y a la prosperidad de todo nuestro pueblo.
Una red  de acuerdos e instituciones internacionales ha sido establecida tanto para ayudar a evitar que se repitan las amargas confrontaciones del pasado como para resolver pacíficamente las disputas. Organizaciones como la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) y el Consejo de Europa, de los que Rusia es miembro integral, existen para ayudar a los estados a abordar cuestiones sobre autodeterminación y defender los derechos de las minorías.
Pero, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa —portaestandarte de la integridad electoral— ha declarado que el referéndum será ilegal y no enviará observadores a la votación.
Y aun así, todavía no es demasiado tarde para que Rusia utilice estas instituciones, se involucre seriamente en la diplomacia y encuentre una solución pacífica.
Seguimos urgiendo al Presidente Putin a que use su autoridad para el bien de Crimea, Ucrania, Europa y Rusia, y termine esta crisis.
Un primer paso vital será que Moscú se abstenga de reconocer el resultado del absurdo referéndum del domingo. Después de todo, no tendrá ningún efecto legal. No tendrá ninguna fuerza moral. Y el resultado no será reconocido por la comunidad internacional. No debería llevarse a cabo.

Sharon Campbell

Embajadora británica