Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Diciembre, 2013

Vienen años muy complicados, de orfandad de liderazgos, sin políticos de casta para emprender la limpieza de tanta mugre


De cal y de arena

Sin políticos de casta

Después de Luis Alberto Monge el político de casta comenzó a desaparecer. Hoy su extinción es casi total, lo que constituye —este hecho en sí— amenaza de volatilización de la democracia.
Tan lapidaria como acertada sentencia se la leí a mediados de año a Enrique Obregón Valverde, eximio escritor y analista perteneciente a la corriente más depurada que inspiró la esencia filosófica y política del Partido Liberación Nacional y que, de haber preservado incólume su influencia, habría evitado a esta agrupación los tiempos tan azarosos y dañinos que está viviendo.
Sin liderazgos políticos de casta, va a serle particularmente dificultoso a nuestra sociedad encarar los graves problemas que padece, todo un desafío que trasciende el mandato de la administración que se elija en los próximos comicios y que afecta las probabilidades de sobrevivencia del modelo de democracia social consagrado por la Constitución Política. Viene a cuento al considerar esos graves problemas acumulados en cuestión de tres o cuatro décadas y que son un desafío a la capacidad de gestión del nuevo gobernante, ahora con la cuestión de las probabilidades de sobrevivencia del modelo de democracia social de por medio.
En liza no vemos figuras con idoneidad política y moral, recia conformación intelectual y amplia base de respaldo popular que les permita convocar y forjar el magno acuerdo nacional que viabilice las reformas constitucionales, institucionales, económicas, sociales que demanda el presente estado de cosas, complicado —por cierto— por la fuerte crisis de valores y el narcotráfico que llegó sin invitación.
A juzgar por los partidos, el cuadro es crispante; son las extremidades para darle movilidad a la democracia pero la crisis interna que los devasta más el descrédito que padecen permiten dudar de su idoneidad para acometer la tarea de encarrilar al Estado.
No será fácil para el país encarar los grandes desequilibrios que se acumulan y sus graves repercusiones sin políticos de casta y con partidos devastados.
Es innegable la presencia de una acentuada polarización política lo que dificultará las correcciones de fondo.
Si es el modelo aperturista de la economía (represor de las potestades reguladoras e intervencionistas del Estado) lo que hay que depurar, va a ser tarea harto difícil sumar al esfuerzo correctivo a quienes derivan poder político y poder económico de ese modelo.
Si se trata de sanear las finanzas públicas con una inyección importante de nuevos recursos, con la racionalización del gasto que incluya asegurar los renunciamientos correspondientes a los beneficiarios de esa plaga de privilegios y gollerías que acompañan las planillas públicas con efectos sangrantes, también aparecerán todas las resistencias imaginables.
Si se trata de arremeter contra la evasión y la elusión tributarias con un buen arsenal de recursos represivos, cabe esperar lo mismo… Vienen años muy complicados, de orfandad de liderazgos, sin políticos de casta para emprender la limpieza de tanta mugre.

Álvaro Madrigal