Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 25 Agosto, 2010


Hablando Claro
Sin humor

Si la presidenta Chinchilla (“@laurita inaugura” según el último giro comunicacional twittero de sus mismísimos voceros) hubiera sido candidata en Brasil, los publicistas de sus opositores no hubieran podido crear aquella deplorable y célebre marioneta. Tampoco hubiera sido posible que en la campaña 2006 hubieran tomado la pantalla chica las ingeniosas mascaradas de don Oscar y don Otón.
Al margen de la cuestionable eficacia de esas estrategias comunicativas, hay que entender que el humor, el sarcasmo y la ironía mordaz, cruel y hasta irrespetuosa si se quiere, son formas legítimas nos gusten o no de la expresión social del descontento para con la política y los políticos.
Por eso no tiene sentido que los brasileños inmersos en plena campaña para las presidenciales de octubre hayan puesto en vigencia un “toque de queda” a la expresión del humor en estos tres meses anteriores a la elección estableciendo prohibición a la radio y la televisión para que no utilicen “trucos de montaje y recursos de sonido e imagen que de, alguna manera, expongan a los candidatos o partidos al ridículo”, según reza un artículo de su código electoral.
La draconiana prohibición alcanza por supuesto a todas las manifestaciones del humor y no solo a aquellas elaboradas en comerciales, de modo que los profesionales de la comedia, es decir, los homólogos de nuestros ingeniosos amigos de Pelando el Ojo, se lanzaron a las calles de la emblemática Copacabana el domingo pasado para reivindicar el derecho al ejercicio expresivo del “humor sin censura”.
La denominada “ley anti-chiste” fija multas millonarias a los infractores, lo cual no es para tomárselo en absoluto en broma y pretende, según sus defensores, evitar el tratamiento “injusto” y “encasillado” de los políticos. Algo sobra decirlo inevitable con o sin ley que lo establezca.
Miles de brasileños se han unido en apoyo a sus comediantes y humoristas en un empeño por que se derogue la absurda disposición que para hacerla aún más burda solo afecta a los medios que operan bajo licencia estatal (radio y tv) con lo cual deja por fuera al inmenso mundo de la Internet.
Me pregunto quiénes serían los sesudos que creyeron que una prohibición así serviría de algo, cuando no hay más que ver qué hacen los propios diseñadores de campañas que a veces parecen más los enemigos de sus clientes con planteamientos francamente indigeribles (¿¿¿@laurita inaugura???).
¡Y qué decir de los opositores políticos que sin mediar expresión humorística alguna lanzan sentencias tan abrumadoras como la que espetó ayer el respetadísimo ex presidente Fernando Henrique Cardoso en el diario el Clarín de Argentina, al criticar fuertemente la campaña del oficialismo diciendo que el actual mandatario de su país Luis Ignacio Lula da Silva “cree que Dios es brasileño”!.
Y después intentan culpar de los males de la política a los humoristas…

Vilma Ibarra