Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 7 Septiembre, 2016

Tengámoslo claro: Gobernar es todo lo que se hace, mientras los demás dicen que no se puede

¿Será necesaria una constituyente?

La gobernabilidad democrática en Costa Rica está en crisis. La sociedad se siente cada día más ajena a las instituciones políticas (al Ejecutivo, al Legislativo y —en menor medida— al Judicial). Desconfía de ellas o simplemente “pasa” de ellas.

El Ejecutivo con dificultad administra y mucho menos gobierna. La Asamblea Legislativa difícilmente puede tomar decisiones por las mayorías previstas constitucionalmente. Se otorgan a los poderes, a los órganos legales, a medios de comunicación, a los grupos de presión y a los gremios, poderes de veto (fácticos e incluso jurídicos). Es fácil entrabar y destruir, pero difícil construir y avanzar.
Pasamos rápidamente del encantamiento al desencanto político (de las banderas y pitoretas a la apatía electoral). Todavía valoramos la democracia (ver Latinobarómetro), pero mucho menos que en el pasado.
¿Tendrá algo que ver esa crisis con nuestro diseño institucional (presidencialismo, Reglamento Legislativo, Administración Pública, operación del empleo público, etc.)? Presumo que sí, que las características de esa crisis sí tienen que ver con nuestro diseño institucional, aunque no exclusivamente. Es verdad que también hay problemas de liderazgo. El mejor diseño constitucional y legal no ataja desafueros y no sustituye la pusilanimidad ni la ausencia de políticas públicas posibles. Tengámoslo claro: Gobernar es todo lo que se hace, mientras los demás dicen que no se puede.
Pero es verdad también que es necesario ajustar nuestros modelo democrático y constitucional; no porque sea un mal diseño teórico, sino porque está desadaptado a una realidad política, económica y social muy distinta a la que vivimos en el pasado (cuando fue aprobada la Constitución vigente en 1949).
Recientemente, Alex Solís me invitó a comentar su libro sobre Reforma Constitucional. Agradecí la invitación del jurista y del amigo, a reflexionar sobre su obra y algo más, sobre la necesidad de una constituyente y su propuesta de Constitución. Alex nos plantea sus argumentos de ¿por qué?, nos descubre lo que propone y argumenta sus razones y respuestas a los escépticos y críticos.
Luego nos recuerda la desactualización e insuficiencia de nuestra Constitución vigente (a pesar de más de 62 reformas y de más de 93 artículos ajustados durante los últimos 66 años); los problemas de operación del sistema político y los derivados de la calidad de vida (poca confianza en actores políticos, en institucionalidad política, corporativismo o “percepción de que se gobierna para grupos de interés”, etc.)
Aunque discrepo de la amplitud y de algunos detalles, comparto su diagnóstico y creo que no debemos descartar una constituyente. Pero es necesario alcanzar acuerdos mínimos antes de hacerlo. Los ajustes deberían ser únicamente los necesarios, sin perder el tiempo en reformas estéticas o corrongas (útiles, no necesarias), ni perder el tiempo en propuestas para resolver problemas resueltos en la práctica, ni para impulsar reformas que puedan promover ingobernabilidad o afectar toma de decisiones (por las mayorías), ni para disminuir derechos fundamentales o derechos de minorías, ni para dispersar representatividad legislativa.
¿Será que necesitaremos una constituyente para salirnos de la modorra? Parece que sí, el tema es ¿cuándo?