Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 7 Julio, 2010


Hablando Claro
Sentido común

No hay que ser un experto en la materia. Si de algo no puede acusar desconocimiento cualquier costarricense de a pie dada la profusa información que circula al respecto es acerca de la cantidad y la periodicidad con que se producen los decomisos de droga en el país. Embarcaciones a la deriva, aeronaves siniestradas, vehículos de carga pesada, automóviles y cualquier otro medio sin contar por supuesto los enfrentamientos y ajustes de cuentas de todos los días son solo algunas de las formas en que deplorablemente se manifiesta en nuestra vida cotidiana la acción de los narcotraficantes y su deleznable negocio. Lo sabemos todos. Utilizan equipos cada vez más sofisticados y cuentan con ilimitadas posibilidades de comprar cualquier servicio que requieran para lograr sus fines.
El combate al tráfico internacional de estupefacientes es siempre desigual. Lo es para las grandes potencias. Y con mucho más razones para naciones pequeñas como la nuestra. Es una realidad que nos ha costado mucho admitir. Quisiéramos que no fuera así. Por nuestros hijos. Por nuestros nietos. Pero está ahí. El cáncer del narco y sus poderosos tentáculos extendidos en nuestra sociedad nos aplastan la tranquilidad y tengo que usar las palabras de mi muy apreciado y admirado don Rodolfo Cerdas para disentir “compromete nuestras inapreciables paz y tranquilidad”.
Esta es la realidad. La que conocemos. Porque el poderoso mal avanza más allá de lo que sabemos. Lo sabrá Colombia! Lo sabrá México!
Por eso no logro entender la airada reacción de aquellos que levantan altisonantes voces por la soberanía perdida a manos supuestamente de un permiso de atraque y permanencia de embarcaciones de la Marina de Estados Unidos que, en el marco de operaciones antinarcóticos, brindan apoyo a su Servicio de Guardacostas, que es la unidad que ejecuta el Convenio de Patrullaje conjunto entre nuestro país y Estados Unidos.
No logro entender cómo una persona que ha sido tres veces diputado, ministro de Seguridad y vicepresidente de la República se atreva a asegurar ayer en LA REPUBLICA que “Costa Rica se está convirtiendo en la base marina de Estados Unidos más grande del mundo” y que otros imbuidos de patriotismo pretendan derivar de tan osada afirmación que ulteriores propósitos animan una incursión militar estadounidense en nuestra desarmada nación para, desde aquí, montar operaciones y acabar con los enemigos cercanos…
Como siempre, la teoría de la conspiración que alimenta fantasiosas mentes.
O don Luis Fishman y sus acólitos en este tema saben algo que yo evidentemente desconozco o la falta de sentido común nos está llevando por el camino de la sinrazón.

Vilma Ibarra