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¡Seamos serios señores de INCOFER!

Carlos Denton cdenton@cidgallup.com | Miércoles 28 diciembre, 2022


La noticia que INCOFER, con todo su personal, sale de vacaciones reincorporándose hasta el 9 de enero cayó como balde de agua fría a los usuarios que no son empleados públicos, y que ahora tendrán que buscar alternativas de transporte para la primera semana laboral del año. Se acentúa el desafío para ellos porque hay varias líneas de autobús que no podrán operar a partir del 1 de enero por estar usando unidades de más de 15 años.

A los políticos costarricenses generalmente les ha dado miedo confrontar a los autobuseros; temen un paro general. Estos tendrían todo para ganar un pulso de este tipo. Así, por no atrever a ser valientes, permitieron a los autobuseros extender la vida de las unidades de 7 años a 15 y ahora quieren más. También autorizaron la desaparición de las busetas que cobraban más con la condición de que no llevaran a nadie de pie. No se han atrevido cambiar las rutas y diseñar nuevas que más asemejan a lo que ocupan los pasajeros.

La única “palanca” que tienen los gobernantes es el servicio de transporte que ofrece INCOFER. Si hubiera un servicio de Belén a San José cada 15 minutos a partir de las 5 de la mañana y hasta las 8 de la noche, o uno de Heredia al Parque Nacional en San José cada 12 minutos, y así sucesivamente ya el gobierno pudiera comenzar a exigir cambio a los autobuseros. Con el servicio de tren actual, dos o tres servicios en la mañana y lo mismo en la tarde lunes a viernes, realmente INCOFER no está ofreciendo un “servicio” público.

Como dirían algunos habitantes “INCOFER ofrece un servicio de chancletas.”

Los ministros de transporte normalmente se abocan a la construcción de carreteras – es decir un servicio para los que viajan en automóvil. Esta es la clase media, relativamente afluente o quizás no tanto, pero los de menos capacidad adquisitiva están condenados a usar los autobuses.

El argumento de INCOFER es que no tienen suficiente presupuesto para ampliar el servicio. No existe ningún esfuerzo para comprar más unidades; siguen movilizándose muchos pasajeros en lo que se puede describir como “cajita de sardina.” En época de un rebrote de Covid-19, montarse en estas unidades es tomar riesgos de salud, como mínimo.

¡Pero es peor!! Para un pasajero que quiere viajar de la Sabana a la Universidad Latina en Lourdes tiene que tomar un tren de la terminal del Pacífico y esa unidad después sale pasando por Plaza Víquez, la Avenida Central y después llega a un punto donde tiene que parar, y luego echarse para atrás hasta llegar a la Terminal de Limón. O sea, no puede hacer el viaje directo; no es una operación seria obviamente.

La solución es pedir más dinero para el tren de los diputados de la Asamblea Legislativa. El problema es que estos no representan a nadie y ninguno viaja en bus, mucho menos en tren. Se necesita tratar este problema del transporte público de manera seria.

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