¿Se recuperó la economía durante la administración Solís?
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Con la oportunidad de que Carlos Alvarado dispute la continuidad del Partido Acción Ciudadana (PAC) en Casa Presidencial, la administración Solís Rivera presentó diez áreas en las que considera se han experimentado mejoras económicas en un ambiente internacional complicado.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro.

Entre las exportaciones y el turismo, que cerraron con cifras históricas se esconde el principal pecado del gobierno: un déficit sin contención que pone al borde del abismo las finanzas públicas.

Las ventas al extranjero de bienes y servicios tuvieron en 2017 un desempeño con cifras récord y superiores a las metas establecidas.
Respecto a los bienes alcanzaron los $10,7 mil millones, un 7% más en comparación con 2016.

En el caso de los servicios, las ventas al tercer trimestre (último dato disponible) redondearon $9,6 mil millones, impulsados sobre todo por los servicios empresariales, como call centers y outsourcing.



En turismo, el país atrajo a ocho nuevas aerolíneas, principalmente de Europa, aumentando el flujo de visitantes que sobrepasaron los 3 millones en 2017.

En cuanto a la producción nacional, si bien las cifras no son las de la década previa a la crisis de 2008, lo cierto es que, durante la gestión Solís mantuvo una mejora por encima del promedio latinoamericano e incluso de los líderes mundiales.

Para el periodo 2015-2018, el crecimiento costarricense será, en promedio, de un 3,7%, mientras que para Latinoamérica será del 2,7% y 2% para potencias de la talla de Estados Unidos, Alemania, Corea, Japón y Reino Unido.

Para 2018, la proyección para Costa Rica es un 3,6% de acuerdo con el Banco Central.

Otro de los puntos de los que el gobierno se jacta es el control de la inflación, que en otros años dificultó el manejo de la economía, y que se mantuvo estable durante esta gestión, de hecho, en 2015 se registró la menor tasa de los últimos 40 años con un -0,8%.

Esto impacta de manera favorable en la población más vulnerable, al mantener estable el costo de la canasta básica de alimentos.

A pesar de ello, es difícil considerarlo como un logro del gobierno, ya que lo que influyó de manera directa fue la abrupta caída del petróleo, que pasó de $100 por barril a mediados de 2014 a un promedio de $50 el resto de su periodo.

Junto con el crudo, otras materias primas que el país importa mantuvieron precios bajos.

Durante 2017, este indicador fue del 2,6%, dentro del rango meta del país y para este año, con la adopción de un modelo más flexible, no se esperan grandes sobresaltos.

El gobierno destaca también la estabilidad de macroprecios como las tasas de interés y el tipo de cambio.

Respecto a las tasas de interés se puede afirmar que el manejo fue correcto teniendo en cuenta la situación fiscal del país, sin embargo, también tuvo fuerte apoyo del contexto internacional.

En cuanto al dólar, uno de los cambios más representativos fue que el Banco Central pasó del modelo de bandas cambiarias al de flotación administrada, para fijar su precio con respecto al colón y de esta manera protegerse ante imprevistos. 

Además, hubo una buena reacción ante los picos de precios, por ejemplo en mayo anterior, cuando algunos bancos lo elevaron a ¢600.
La Inversión Extranjera, pilar fundamental en el desarrollo económico, no tuvo el mismo desmpeño que en la pasada.

Aunque solo en 2017, llegaron al país 40 proyectos de inversión, los cuales crearon unos 7 mil empleos y le dejaron al país unos $2 mil millones en ganancias.

Esta cifra representa un 8,2% más de la meta trazada por Costa Rica, a pesar de que reinaba un ambiente de incertidumbre por el cambio de gobierno en Estados Unidos, principal socio comercial, de acuerdo con la Coalición de Iniciativas de Desarrollo (CINDE).

Asimismo, bajo el mandato de Solís, el desempleo se ha mantenido estancado en un 9,3%, según la última encuesta de empleo realizada por INEC.

Por otra parte, la medición internacional de la competitividad del país, a través del Doing Business, también mejoró.

Desde 2014 a la fecha, se escalaron 21 puestos en 113 indicadores que miden el desempeño de un país, al punto que Costa Rica es la segunda economía más apta en el continente para hacer negocios.

Un aspecto importante para dicho repunte fue la reducción de casi 230 trámites para la formalización de nuevas empresas.

A pesar de que esos aspectos son la carta de presentación del gobierno en materia económica, su principal falla ha sido el déficit fiscal: para el final de 2017 llegó al 6,2% del PIB y lo peor no ha llegado: para 2018 y 2019 se estima que esta deuda llegue al 7,1% y al 7,8% de la producción nacional.

El salto más grande durante la administración Solís se dio entre 2016 y 2017, cuando pasó de un 5,3% a un 6,2%.

Si bien el presidente trató de impulsar una reforma fiscal en la Asamblea Legislativa, el proyecto quedó estéril ante la negativa de negociación en el congreso.

En este apartado es donde se prevé el panorama más incierto, pues una mala gestión del próximo mandatario conllevaría un descalabro en el resto de variables económicas.

Habrá opiniones divididas sobre la gestión de este gobierno en materia económica, pues si bien hay datos positivos, queda el sinsabor de que se desaprovecharon avances para resolver de una vez por todas el problema fiscal.



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