Logo La República

Lunes, 19 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Salida de Iraq

Nuria Marín [email protected] | Lunes 09 marzo, 2009


Creciendo [email protected]
Salida de Iraq

Nuria Marín

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cumple con otra de las promesas realizadas en campaña, sacar las tropas estadounidenses de Iraq en un plazo de 18 meses, o sea no más allá de agosto de 2010. El momento además, tiene un alto contenido simbólico, pues estamos a pocos días del sexto aniversario del inicio de la intervención militar en ese país.
Junto a la decisión del cierre del centro de detención en la base naval de Guantánamo, el nuevo gobierno da un paso adelante en la búsqueda por la recuperación de credibilidad internacional, el interés por reconstruir alianzas históricas deterioradas precisamente por el tema Iraq, y reafirma el cambio de enfoque de la nueva administración en materia de defensa de los derechos humanos y de respeto por el derecho internacional.
Los réditos se producen también a lo interno de su país. Recordemos que antes de que estallara la crisis económica y financiera uno de los temas relevantes y divisivos en la campaña, lo era precisamente el tema de la guerra en Iraq. Era evidente la preocupación por la pérdida de vidas humanas, el número de heridos y el claro deterioro en la imagen y liderazgo de su país.
Con las condiciones económicas y financieras actuales, el alto costo de la guerra intensifica la situación. Según un informe preparado para el Congreso de Estados Unidos al 15 de octubre del año pasado, los costos directos de la guerra en Iraq ascendían a $657,3 mil millones. Esta cifra no incluye otros costos como el impacto en los precios del petróleo o los incrementos en cobertura médica o de pensión de las tropas y sus familiares.
La decisión de retirar las tropas de Iraq plantea a su vez nuevos retos que se pueden y deben anticipar. El más importante, salir en el ritmo y tiempo que eviten la creación de un vacío de poder que desate una espiral de violencia que alimente las diferencias tribales, las históricas rivalidades entre sunitas y chiitas, o amplíe los deseos de independencia de los kurdos, en una región ya convulsa.
Un posible retroceso en seguridad afectaría a su vez el naciente desarrollo de actividades económicas generado por menores niveles de inseguridad en los últimos meses, en un país urgido de generación de riqueza alternativa a la producción petrolera, pues esta representa el 90% de los ingresos.
Si esta dependencia era preocupante durante la bonanza petrolera, con mayor razón ahora con los bajos precios internacionales del barril de petróleo. Sin lugar a dudas, la situación en el corto y mediano plazo se torna compleja para el primer ministro iraquí Nouri al- Maliki y su gobierno, en un país con una población predominante joven y ayuna de oportunidades y esperanza.
En esta envergadura la comunidad internacional no puede abandonar a su suerte al pueblo iraquí. Lo fácil es caer presa de la discusión de responsables. Toda inversión hoy, es una vacuna en seguridad mañana. La historia es plena en omisiones y nos corresponde no ser partícipes en una de ellas.