Nuria Marín

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Lunes 2 Noviembre, 2009


Creciendo [email protected]
Sala Constitucional

Resulta paradójico que mientras el país celebra y reflexiona sobre los avances, mejoras y nuevos desafíos de la Sala Constitucional en su vigésimo aniversario de fundación, estemos a las puertas de tener a tan importante instancia judicial inhabilitada para actuar ante un eventual problema de falta de quórum.
El próximo 6 de noviembre vencen los nombramientos de los magistrados suplentes de la Sala. Esta situación cobra una nueva dimensión de importancia al encontrarse vacante la plaza ocupada por el hoy ex magistrado Luis Fernando Solano.
Diecinueve meses han pasado desde la partida de Solano, tiempo en el que la Asamblea no ha podido alcanzar los necesarios 38 votos para elegir a el, o la sustituta. Votaciones van, votaciones vienen, esta elección se ha convertido en un peligroso pulso partidario cuyo resultado final, o falta de este, expone al país a un vacío y a la indefensión constitucional de la ciudadanía.
En momentos en que somos testigos de primera línea de la fragilidad institucional y democrática en la región como lo muestran los ejemplos de Honduras, Nicaragua o Guatemala, los integrantes de nuestro primer poder de la República al no proceder a la elección del o la magistrada propietaria y existir el vencimiento inminente de los suplentes, falsean el sistema de frenos y contrapesos (Montesquieu) sobre el cual descansa nuestra centenaria democracia.
Por otra parte, a manera de simple pero preocupante recordatorio esperamos no de premonición, sin la Sala Constitucional no serían viables los recursos de hábeas corpus ni de amparo, por lo que estarían en juego también los principios de la libertad y los derechos constitucionales.
Igualmente y no menos importante, nos encontramos inmersos en un proceso electoral para elegir la nueva integración de los Supremos Poderes, época en que la acción, interpretaciones e interacción del Tribunal Supremo de Elecciones y de la Sala Constitucional son eje y garantía de legalidad y transparencia.
Como lo señaló la magistrada Ana Virginia Calzada, presidenta de la Sala Cuarta, podríamos poner en graves aprietos y en una situación de incertidumbre jurídica al país de plantearse y no poder resolverse algún tema electoral que demande una interpretación de competencia constitucional.
Es válido recordar el llamado que hace unos años nos hiciera el ex presidente José María Sanguinetti en relación con el precio que pagaron los uruguayos al creer que tenían una democracia imbatible y cómo dolorosamente la perdieron.
La patria requiere de los señores y señoras diputadas, sus esfuerzos, concentración, diálogo y poder de negociación, para que de una vez por todas, se llene la vacante propietaria de la Sala Cuarta así como de las correspondientes suplencias. En la agenda nacional, pocos temas son tan importantes, como solventar este peligroso impasse.