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Rory entre sombras

El cambio de equipamiento le ha pasado factura al golfista norirlándes

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Rory McIlroy pasó de ganar torneos a placer a luchar por pasar los cortes. Archivo/La República
Rory McIlroy terminó el año rompiendo récords y dominando con mano firme el mundo del golf. Además, su carisma y ser novio de la tenista Caroline Wozniacki, lo hacían aún más mediático.
Todo iba perfecto para el norirlándes, de 24 años, y como si fuera poco apareció la marca deportiva Nike con una oferta millonaria ($250 millones por diez años) para convertirse en su patrocinador.
Esto cambió todo. Pero más que cambiar su forma de vestir, cambió su juego en sí. Rory tuvo que comenzar a utilizar los nuevos palos de golf que le dio la compañía estadounidense y hasta el momento no ha logrado acoplarse a ellos. Es todo un desastre.
Así ese chico con un swing elegante, que dominaba a la perfección los hierros y maderas y que era intratable con el putter, hoy es solo un recuerdo.
Abandonó el puesto número uno del ranking mundial y ya cayó hasta el tercero superado por Tiger Woods y Phil Mickelson. Ahora pierde los cortes de los torneos, hace rondas de hasta 80 golpes y suma ya 35 semanas sin ganar un título.
Sus estadísticas son la mejor radiografía para describir su presente: en 2012 figuraba al tope del promedio de score por vuelta, con 68,87 golpes, y este año retrocedió al 35° lugar, con 70,42. Bajó del 5° al 17° puesto en la distancia con el driver (hoy promedia 299,3 yardas; en 2012 era un pegador de 310,1). También se transformó en un mediocre jugador de green: en la temporada pasada promediaba 28,72 putts por vuelta (32° en el listado) y ahora bajó a la 148° ubicación, con 29,71 toques con el putter.
Varias voces destacadas dieron la alerta cuando se supo de la estrategia del norirlandés fue la de sustituir su bolsa de palos a inicio de temporada.
“Una cosa es cambiar el driver o un wedge, pero te vas a meter en serios problemas si cambias al mismo tiempo todos tus palos y tu pelota. Yo lo hice con Wilson en mi época, y atravesé por cuatro o cinco meses malos. El hierro 9 y el wedge de McIlroy han sido realmente horrendos últimamente, y ha perdido la magia con el putter. Cuando estás en la cima tienes que cuidarte de cada paso que das, y él dio el paso más arriesgado de todos”, afirmó el estadounidense Johnny Miller, exmiembro del PGA Tour, ganador del Abierto de Estados Unidos en 1973 y del Abierto Británico en 1976 y actual analista de la cadena NBC.
Nick Faldo, ganador de Majors y exnúmero uno del mundo, aseguró: “cambiar de material es peligroso. Siempre te dicen que copiarán tus palos, que harán una bola a tu medida, pero hay una confianza en lo que tenés, en el sonido, en las sensaciones cada vez que golpeás. Eso no tiene precio”.
Jim Furyk pasó en su momento de Srixon a TaylorMade, pero también le fue mal. “Algo así puede destruirte. Cuando le pegás bien, todo va perfecto. En el momento en el que dudás (…). El cambio de palos dañó mis virtudes en lugar de minimizar mis debilidades”.
Otros como el exjugador Gary Player, campeón de nueve Grandes y uno de los grandes de la historia, culpan también del mal momento que atraviesa Rory a su relación con la tenista Wozniacki, ya que Rory pasa gran parte de su tiempo libre viajando para verla jugar.
“Cuando estás enamorado y eres joven, es normal que el golf parezca pasar a un segundo plano durante un tiempo. Es natural. El amor es lo mejor que nos pasa en nuestras vidas”, dijo Player.
Mientras tanto, Rory sigue dando tumbos en el campo, sin encontrar la brújula o el “camino adecuado”, como él mismo dijo, y a las puertas de defender dentro de una semana el Campeonato PGA, último Grand Slam de la temporada.

Dinia Vargas
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