Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

Enviar
Viernes 7 Agosto, 2009


¿Romeros o extranjeros en su propia tierra?


Una vez más, como todos los años, nuestras carreteras y lugares públicos se han visto abarrotados de romeros y devotos de la Virgen de los Angeles. Pero esta vez no hubo celebraciones masivas durante los días 1º y 2 de Agosto, debido a la prohibición del Ministerio de Salud y que fue acatada por las autoridades eclesiásticas, a pesar de la amarga reacción del Obispo de Cartago, quien consideró que la medida se tomó sin ser él consultado.
No pocos sacerdotes se adhirieron a la posición asumida por el mencionado Obispo. Esta actitud propició que no pocos creyentes fueran al santuario y que los Obispos promovieran una especie de peregrinación, no ya de los fieles, sino de la propia imagen de la Virgen a través de toda la geografía nacional; lo cual hizo que multitudes externaran su fervor religioso. Tal fenómeno no es de extrañar, pues es la forma en que un pueblo angustiado expresa su desazón ante la ominosa situación en que vive.
Es dentro de este contexto socio-cultural y político que debemos analizar la publicación de una carta pastoral firmada por los Obispos de todo el litoral del Pacífico. El documento de marras merece ser destacado, no solo por su profético contenido en apoyo a los pobres y oprimidos de la región, especialmente a los pescadores y habitantes del litoral, sino también porque no fue producto de una iniciativa unilateral de los jerarcas de la Iglesia, sino de la expresión, la más democrática y auténtica, de lo que sienten y viven todos los sectores sociales de la región. Fueron ellos los verdaderos autores de este histórico documento.
Nunca como en este caso en la Iglesia costarricense se hizo realidad aquella expresión que hizo célebre el obispo mártir Oscar A. Romero, quien dijo que él era tan solo “la voz de los que no tienen voz”. Fue él quien introdujo en su última carta pastoral esa práctica pastoral que se inspira en la doctrina del Concilio Vaticano II, que define a la Iglesia no desde la jerarquía, sino desde el pueblo creyente (“La Iglesia pueblo de Dios”).
El documento de marras es profético en su contenido pero también en su lenguaje, pues no usa circunloquios, sino que dice las cosas directa y llanamente, aunque con un toque un tanto poético, como cuando habla de que esas regiones pasan por “una noche larga y vacía”. Lo anterior se refiere a que se ha dado un empobrecimiento sistemático y persistente de las gentes que habitan esos litorales. Tan deplorable situación se origina en que las mejores y más bellas tierras están pasando a manos de grandes capitales extranjeros, lo que hace que sus habitantes, al decir de la carta pastoral, sean “extranjeros en su propia tierra”.
Frente a tan grave realidad, se da una cómplice ausencia de políticas de mediano y largo plazo, no solo del gobierno central, sino también de los gobiernos locales. La solución solo puede darse si se propone un desarrollo realmente sustentable que armonice el bienestar de las mayorías con la defensa de la naturaleza. En periodo electoral es importante que todos los ciudadanos exijan a los candidatos que buscan sus votos, un compromiso frente a esos desafíos, cuya solución es la que posibilita la preservación de la paz social y profundiza nuestro sistema democrático.