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 El Bundesbank dejó caer algo así como una bomba esta semana.
El banco central más influyente de la eurozona y guardián de todo lo que los monetaristas consideran sagrado, sugirió que los bonos soberanos deberían contener cláusulas de prórroga automática del repago a los inversores en el caso de países con problemas financieros.
No pagar a tiempo puede no ser lo mismo que un default, pero los inversores en bonos no verán mucha diferencia. Podrían tener que habituarse a eso.
En momentos en que casi $10 billones de los títulos de deuda del mundo pagan menos de cero, los inversores que buscan rendimientos cada vez más bajos pierden mucho dinero si los costos crediticios empiezan a subir.
Pero podría haber un riesgo aún mayor en los mercados de renta fija: ¿qué pasaría si los gobiernos decidieran cancelar los bonos que están en manos de sus bancos centrales?
En teoría, hacer desaparecer el dinero que un Tesoro nacional le debe a su propio banco central no tendría efecto sobre las letras del Estado que están en manos de inversores privados.
En la práctica, sin embargo, se parecería mucho a un primer paso por la resbaladiza cuesta de la reestructuración de deuda, que es una forma amable de hablar de defaults soberanos.
Además, así como la relajación cuantitativa, las tasas de interés negativas y el helicóptero de dinero han pasado de los márgenes del debate de políticas al centro del discurso económico (por más que la opción del helicóptero de dinero aún no se haya intentado), la idea de la cancelación de la deuda comienza a cobrar cierta fuerza.
Los inversores en bonos ya padecen “cierta psicosis colectiva”, según Jeffrey Gundlach, que administra $102 mil millones como máximo responsable de DoubleLine Capital, con sede en Los Ángeles.


Un asombroso 10% de los tenedores de bonos dice que “los rendimientos nunca van a subir”, según una encuesta de Bank of America entre 72 gestores de dinero de renta fija globales. Por otra parte, este mes proporcionó un ejemplo real de cómo ese tipo de soberbia podría resultar contraproducente.
El rendimiento del bono alemán a 10 años, un bono de referencia, trepó 103% la semana pasada. Para el cierre del viernes, la tasa había subido a 0,006% luego de finalizar la semana anterior a -0,189%.
Así, todo el que tuviera el bund alemán de 0,5% reembolsable en febrero de 2026 vio caer el valor de su inversión de 106,68% a 105,37% del valor nominal. Se trata de una declinación de 1,22%, lo cual es mucho. Se supone que los bonos ofrecen seguridad.
Además, si el rendimiento alemán regresa al nivel de 0,5% de principios de año, el precio volvería al valor nominal, una declinación de más de 5%.
Así describió Jim Grant los riesgos en la edición más reciente de su boletín “Interest Rate Observer:
“La idea de que los bonos de rendimiento negativo con denominación en una moneda de curso legal son activos ‘seguros’ es un error que pertenece a la próxima edición de ‘Engaños populares extraordinarios y la locura de las masas’. Somos bajistas respecto de los bonos, en especial de aquellos que, como los autos nuevos del salón de una concesionaria, garantizan al propietario una pérdida en cuanto éste toma posesión del vehículo”.
El mercado de bonos nos dice que hay pocas perspectivas de una aceleración de los precios al consumidor que pueda erosionar el valor de los futuros retornos; de ahí los costos crediticios de un bajo nivel récord en todo el mundo.
Es por eso que los gobiernos cuyas deudas se han multiplicado no pueden confiar en que la inflación aliviane esa carga. David Zervos, el estratega jefe de mercado de Jeffries en Nueva York, también calcula que el fracaso de las políticas de tasas de interés negativas, las políticas de tasas de interés de cero y los crecientes programas de relajación cuantitativa terminarán por tentar a los gobiernos a eliminar sus obligaciones mediante una simple reorganización de sus balances:
“El final del juego de esa incursión global en una política monetaria no convencional es la destrucción de la deuda soberana. Si los bancos centrales no pueden generar suficiente inflación para reducir el endeudamiento soberano real –un resultado que parece cada vez más probable-, entonces simplemente destruirán la deuda de manera directa, en una ‘hoguera’”.

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