Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 28 Octubre, 2009


Hablando Claro
Retrato fiel

El cine, lo mismo que la radio y los otros mass media, la literatura, las artes plásticas y otros canales de expresión, constituye una fuente del imaginario nacional. En él se retratan y se reflejan —cual espejos— las identidades. Y aunque hoy la definición de identidad nacional es tan compleja como la multiculturalidad de la globalización misma —por tanto limitada a la elaboración de los antropólogos— la identidad sigue estando ahí; sencilla: en la apropiación de lo cotidiano, de lo que sentimos a la vista, el tacto y el olfato; de lo que nos resulta espacio común de encuentro y reconocimiento de lo que somos. Nos guste o no como nos veamos.

Así, en ese contexto y en medio del océano de Holywood se abre espacio una película nacional que nos engancha. Tica por los cuatro costados. O josefina para más señas, como dijo con toda propiedad don Víctor Flury. En cualquier caso, nuestra.
¿Y a cuenta de qué una película de factura local habría de convertirse en todo un suceso de asistencia en apenas dos semanas? ¿Por qué sucumbir a la tentación de asomarse a la pantalla de una producción nacional burlando las altas vallas de un pequeño, amargo, pero altisonante sector de la “crítica experta” que trató de aniquilar la cinta apenas al comienzo de la función? Fácil.
Porque “Gestación” nos regala 90 minutos de realidad nacional. No es un documental. Pero sí un documento social y político (en el amplio sentido del término) que muestra en forma de entretenimiento un espejo en el que podemos vernos con nuestros sueños, ilusiones y temores más profundos. Con nuestros perjuicios y nuestra doble moral. Con nuestro lenguaje, nuestras divisas futboleras y nuestras comidas. Y para más, en nuestras calles, barrios y malles.
Por eso no hay modo alguno de no encontrar a lo largo de toda la trama y sus escenas elementos de identificación (identidad) que nos capturan. Con una profunda sensibilidad y con un prolijo cuidado en todos sus detalles, especialmente para haber logrado abordar un tema ciertamente cotidiano pero tan difícil y complejo con tal acierto. Por eso el tiempo pasa como en una visión instantánea. Como en la vida misma.

Por eso mi hijo (escasos 12) y yo, al igual que más de 45 mil asistentes espectadores entusiastas convertidos en ese voz a voz, en nuestra condición de adolescentes, jóvenes, adultos y viejos de todas los niveles socioeconómicos, hemos quedado cautivados por una cinta que se nos presenta como un espejo fiel de la realidad tica del drama del embarazo adolescente y sus consecuencias. Y por eso somos los mejores críticos para decirle a usted: ¡Vaya, disfrute y apropie esta cinta! Es nuestra, es hermosa, pero además, es necesaria.