¡Resucitan!
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¡Resucitan!

Cultivos ancestrales indígenas


Candilejas viajó a un pasado muy antiguo: nuestra era precolombina, con la principal misión de investigar la gastronomía de nuestros indígenas de entonces, lamentablemente, mucho de ella, desaparecida en la cultura contemporánea.
En este viaje al pasado, descubrimos cultivos ancestrales: diferentes tipos de maíz, semillas de cohombro, fruto criollo con el que se hacen refrescos, chichas y pasteles; amaranto,  alimento clave para los Aztecas e Incas; quinua, planta inca que por su valor nutritivo la NASA declaró como indispensable para largos viajes en el espacio; yacón, conocido como manzana de la tierra; nambira, calabaza larga; okra, sustituto del café; trigo sarraceno, cereal con alto valor energético; y adlay, conocido como trigo en Talamanca, Alto y Bajo Chirripó.

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¿Los conocía usted? Quizá no, porque han desaparecido de nuestra gastronomía. Pero hoy, ¡resucitan!
Las evidencias arqueológicas permiten ubicar el asentamiento de los primeros seres humanos en Costa Rica entre 10 mil y 7 mil años a.C.
Mientras algunos historiadores sostienen que a la llegada de Cristóbal Colón a Punta Uvita, había en territorio nacional 250 mil habitantes, otros, como el Obispo Monseñor Thiel asegura que solo eran tres mil habitantes. Ninguno da la fuente de tales censos.
Se cree que esos primeros pobladores de Costa Rica pertenecían a pequeños grupos nómadas de unos 20 a 30 miembros, ligados por parentesco. Su alimentación se basaba en la caza y en el autoabastecimiento, cultivando sus propios productos.
Es así como, entre otras tribus, sobresalen los bribrís, localizados en el cantón de Buenos Aires, y al norte del territorio indígena de “Talamanca”, palabra que significa “lugar de sangre”; probablemente por la matanza de tortugas en la costa caribeña para el consumo de su carne y huevos.
Junto a ellos, se distinguen los bruncas, ubicados mayormente al sur del país; y los Chorotegas al norte, en Guanacaste.
De regreso al presente, encontramos “Casa de Semillas”,  un proyecto pionero del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) para fomentar la agricultura orgánica nacional. Se trata del rescate y fomento de semillas indígenas.
Candilejas conversó con Fabián Pacheco, Director del Centro Nacional de Agricultura Orgánica (CNEAO) del INA y con Eduardo Agüero, especialista en agricultura orgánica del mismo Centro.Para Pacheco, este proyecto es “aprender a valorar nuestros cultivos indígenas, nuestra gastronomía”, además, agrega Agüero, “se trata de cultivos sostenibles con el medio ambiente”.
“Nos hemos dado a la tarea de rescatar y promover el enorme legado agrícola que sucumbe ante la homogenización agroindustrial del campo. Hay que tener claro que a mayor diversidad es mayor la sustentabilidad de los sistemas agroeco-productivos”, explicó Pacheco
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Según los investigadores Altieri y Nicholls, de la Universidad de California, el objetivo final del manejo orgánico es llegar a diseñar agroecosistemas que posean una alta resistencia a plagas y enfermedades, una alta capacidad de retención de nutrientes , así como altos niveles de biodiversidad.
El proyecto impulsado por el CNEAO, fomenta el uso e intercambio de semillas de forma incluyente, de esta manera, la población estudiantil tiene un espacio para acceder a semillas que sirvan para diversificar sus fincas con cultivos no convencionales y de alto valor agroecológico.
Así, muy pronto los costarricenses podrán ordenar en un restaurante un exquisito plato a base de yacón, o, encontrar éste, y otros productos ancestrales, en los supermercados y ferias del agricultor.
Es volver al pasado para poner en su plato de hoy los frutos que dieron forma celular y ósea a nuestros indígenas, de forma orgánica, “sostenible” y de la que somos sus herederos genéticos.

Carmen Juncos y Ricardo Sossa
Editores jefes

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